La ciencia en el marxismo.

El título lo dice todo.
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Jorge
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La ciencia en el marxismo.

Mensajepor Jorge » 15 Dic 2007, 02:14

Abro este hilo para proseguir una discusión que empezó en el hilo de "Libros de Interés" sobre el libro "Razón y revolución" de Woods y Grant, que ha despertado una saludable polémica en las páginas de Rebelion.

Aquí están los enlaces a los textos de la polémica:

"La ciencia mal-tratada", de Manuel Martínez LLaneza. Es la crítica detallada y clara al libro citado.

"Del análisis de casos a la ocultación de los principios" de Félix Montasterio-Huelin Maciá

"Crítica de la crítica precipitada", de Salvador López Arnal.

"Más críticas a una crítica muy precipitada", de Salvador López Arnal

"Confesiones al hilo de una crítica chismosa" de Manuel Martínez Llaneza

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Jorge
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Mensajepor Jorge » 15 Dic 2007, 02:19

Y aquí lo dicho hasta ahora:

Jorge escribió:En la página 18 de este hilo se recomendó el libro Razón y revolución de Allan Woods y Ted Grant. Yo leí horrorizado la noticia de su presentación por lo que decía de la ciencia y la dialéctica, pero como no conocía el libro y no tengo suficiente idea de ciencias naturales para rebatir sus afirmaciones me callé. Aunque Valerij, con quien otras veces estoy en franco desacuerdo, ya expuso algunos reparos. A mi olía al viejo intento de meter con calzador ciertas ideas filosóficas (en este caso el "materialismo dialéctico") en el cuerpo de los conocimientos científicos, retorciéndolos hasta deformarlos. Ocurrió con la dichosa "ciencia proletaria" de principios de siglo XX (cuyo hito de crueldad e ignorancia fue el caso Lyssenko) y se ha vuelto a poner de moda con la sofística postmoderna.

Para combatir a esta última y los usos disparatados que hacen de la ciencia, Sokal y Bricmont escribieron un libro muy recomendable (Imposturas intelectuales) donde desmontaban con buen humor y ánimo político la cantidad de sandeces que escribieron filósofos "de izquierdas" como Deleuze, Irigaray, Guattari, Latour o Lacan. Bueno, pues se acaba de publicar en http://www.rebelion.org un breve y claro ensayo de Manuel Martínez donde hace lo mismo con el libro de Woods y Grant. Se titula La ciencia mal-tratada. Creo que es muy recomendable.

Puede que los filósofos postmodernos hicieran un uso espureo, ignorante y disparatado de la ciencia moderna para dar fuerza a sus argumentos y lustre a sus carreras académicas, y en cambio que Woods y Grant lo hayan hecho de un modo desinteresado para defender el Bien Supremo de la Revolución. Pero el resultado es el mismo: se maltrata a la ciencia y se confunde a la gente.

Acto seguido un tal Félix Monasterio-Huelín ha publicado una réplica donde no defiende a Woods y Grant (cosa, me temo, bastante peliaguda) pero sí rebate a Manuel Martínez. Y además, con el mismo argumento flojo con el que en su día respondieron a Sokal y Bricmont: ¡usted no sabe de filosofía!, que en este caso se traduce en ¡usted no sabe de materialismo dialéctico!. Bueno, quizá haya que empezar por recordar que Marx no empleo la expresión "materialismo dialéctico" y menos todavía le dió la forma de sistema filosófico.


Patrick escribió:También he leido yo con cierto asombro la dura crítica del camarada Martínez Llaneza (militante de la Agrupación de Profesionales del PCM) a “Razón y Revolución” de Alan Woods y Ted Grant (FFE 1995).

Como no soy científico y que, para ser honesto, hasta mis matemáticas del instituto quedan lejos en el tiempo, no puedo opinar mucho del contenido de su crítica, aunque la calificación de “libro reaccionario” hacia la obra y la de “charlatanes” hacia los autores me ha parecido, como mínimo, descabellada y pasada de tono.

No se si Martínez Llaneza se ha dado cuenta de que ha forzado la nota, pero publica hoy en rebelión un segundo artículo en el que responde a Monasterio-Huelin,
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60450
en el que afirma, sin embargo:

“Como acertadamente intuye [Monasterio-Huelin], no soy filósofo y es grande mi ignorancia en las ‘técnicas filosóficas’; total, diría yo. Lo que no sabe y no quiero ocultar es que tampoco soy matemático, ni científico, y que incluso me permito emocionarme con el Aria de las Variaciones Goldberg sin ser en absoluto músico. Por eso, ‘desde la más supina ignorancia’ (¡como me recuerda ese ‘desde’ no espaciotemporal el ‘desde la inquebrantable adhesión’ de tiempos pretéritos!) no puede dejar de llenarme de orgullo que me comparen con Sokal y Bricmont. Pero no sé en qué fundamenta mi supuesto ‘desprecio hacia la filosofía’; aunque se den casos de coincidencia, yo no me meto con los filósofos, sino con los charlatanes, y hay bastantes citas mías en ese sentido.

Es el momento de dejar claro un punto con el que no quiero que se juegue. Yo tengo el mayor aprecio por Alan Woods y Ted Grant, por su lucha y su dedicación a la emancipación de los trabajadores y a la consecución de un mundo más justo; aunque tenga diferencias importantes con muchos de sus planteamientos, los considero de los ‘míos’ y confío en que Alan Woods me considere de los ‘suyos’. Soy así de maniqueo y poco dialéctico. Precisamente por eso considero un grave error haber escrito ‘Razón y revolución’ como lo han hecho y he dedicado muchas horas a su discusión. No es que yo crea que un marxista no puede hablar de matemáticas, es que creo, y creo haber demostrado, que lo hacen mal; cuando digo que podrían haber evitado errores y falsedades si se hubiesen limitado a los aspectos sociales e históricos, les pido que hablen de lo que saben o que se enteren de lo que difunden, no estoy definiendo las matemáticas como una ciencia esotérica al alcance sólo de iniciados (incluso intento una aproximación de los conceptos al nivel cultural de bachillerato).”

Por mi parte, le he hecho llegar el artículo inicial del compañero Martínez Llaneza (“La ciencia mal-tratada”) al Comité de Redacción de In Defence of Marxism y al propio Alan Woods, por si deseaban responder a los argumentos de Martinez Llaneza, respuesta que, si se da, vendrá probablemente de un colaborador de Alan por estar éste demasiado ocupado con otros escritos importantes.
PV


Kaneda escribió:Como análisis muy superficial del tema (más que análisis, reflexión desde lo personal), creo que en demasiadas ocasiones existe cierto "complejo" entre nosotros, los comunistas, a la hora de tratar con la filosofía marxista: como hemos sido "apaleados" durante mucho tiempo, necesitamos al menos tener una convicción férrea a la que agarrarnos pase lo que pase, y creo que muchos camaradas se agarran al la tabla que para ellos es el carácter púramente científico del marxismo. Sería una especie de "me puedes pegar una y otra vez, pero yo me levanto porque defiendo una ciencia", presentándose a sí mismos a menudo como una especie de Galileos modernos.
No soy, vaya por delante, un experto en filosofía, nisiquiera una persona muy leida en la materia; pero al acercarme a las reflexiones de Manuel Sacristán sobre la ciencia y el marxismo, me dieron muy buen rollo.

Mirad, yo soy estudiante de Derecho, carrera a la que se denomina "Ciencias Jurídicas". Desde el conocimiento que tengo del cotarro jurídico y de su método, puedo decir que pocas cosas habrá más acientíficas que el derecho (porque el derecho no es una paja mental de Kelsen: el derecho es una Ley de Enjuiciamiento Civil, es un Código Penal, son las normas que las FARC aplican a los territorios que controlan, es el código de piratería...) Cada vez que reflexionan desde la Filosofía del Derecho sobre el carácter científico del derecho, me recuerda a las reflexiones que se hacen desde el marxismo sobre el caracter científico de éste.

Yo soy hijo del Siglo XXI, y no puedo abstraerme de mis creencias profundas (en esa dicotomía entre "creencias" e "ideas" en el sentido orteguiano). Creo que en el siglo XXI, con lo claro que tiene la generalidad de la población (incluso la gente que tenemos a nuestro lado luchando con nosotros) lo que es la ciencia, no podemos seguir (perdón, rectifico, yo al menos no tengo pensado seguir) intentando dar una definición tal de la ciencia que pueda englobar dentro a la dialéctica marxista.

Si le pregunto a mi madre si una ecuación de segundo grado es ciencia, su respuesta será "sí".
Si le pregunto a mi madre sobre la interpretación histórica de Nietzsche según la cual la historia avanza en torno a la represión de los instintos sexuales es ciencia, dirá "no".

Porque la ciencia es una "creencia" asentada, y una creencia para mi positiva y cojonuda, como lo es la creencia de los derechos humanos. No todas las creencias (insisto, no me refiero por ejemplo a las creencias religiosas, sino a las "creencias" como "lo consabido") son malas.

Para mi el marxismo es una herramienta cojonuda, creo que su análisis histórico es tremendamente bueno, que es brutalmente certero y claro; y veo que se despliega siguiendo una metodología racional. Ahora bien, para mi el marxismo no es ciencia (y por seguir con el ejemplo, el Derecho tampoco). El obsesionarnos con su caracter inequívocamente científico puro creo que puede llevarnos a alguna que otra aberración, como es el tema que estamos viendo de las matemáticas y el marxismo.


Valerij escribió:Yo no digo que sea un mal libro, aunque a lo mejor lo dije, o lo di a entender. Lo que quise decir es que era el típico libro-manual de materialismo dialéctico, como aquellos de la Editorial Progreso, de aquello filósofos soviéticos de aquella Escolástica, Diamat, o a un muy interesante libro de George Politzer de introducción a la filosofía.
Las famosas leyes dialéctico hegelianas, del paso de la cantidad a la cualidad, del salto cualitativo, de la Totalidad, etc. son eso: hegelianas, y tuvieron su sentido, como puramente lógicas. En Hegel, la Idea explicaba la Realidad, en su despliegue como Concepto subjetivo-objetivo-Idea, como despliegue del Ser-Nada-Esencia. Por eso la Ciencia, la Enciclopedia de las Ciencias, podía ser Filosófico, a priori, "lógica"; por eso la Naturaleza se plegaba a la Idea, y quedaba determinada por ella.
Pero el materialismo, incluso en su versión engelsiana, es distinta. Es, necesariamente a posteriori. O mejor, ni a priori ni a posteriori, sino infieri, haciéndose en el hacer productivo del hombre. La verdad no es adecuación,m ni reflejo (como lo era para Lenin). Verum est factum, que decía G. B. Vico. La verdad es lo hecho. Ningún esquema conceptual puede constreñir al conocimiento, a las categorías científicas, ni tampoco a la lógica. Pretender contruir una lógica dialéctica (en el libro tratan a la lógica formal de simpleza, de superestructura burguesa-lineal, o algo así), es una quimera que nunca ha tenido éxito. Como bien señala Bueno, la lógica, como toda ciencia, es dialéctica en su ejercicio, cancelándose las contradicciones (que también son motor de lo real) en el plano de la representación. No tiene sentido una lógica sin principio de contradicción, por ejemplo, ni unas matemáticas con fórmulas dialécticas, que sí existenen el contexto de descubrmiento (nunca en el de justificación).
El libro merece un análisis más deteallado, pero no dispongo del tiempo para ello.


Patrick escribió:En tanto que fui yo el que, inicialmente, recomendó “Razón y Revolución” en este foro, siento que tengo responsabilidad en este debate.

Yo, sin ser científico ni nada, y por tanto sin tener “ni puta idea” acerca de la mayoría de los temas que allí se tratan, me leí este libro, del que guardo un ejemplar de la primera edición en mi biblioteca, hace ya unos siete años, bastante antes de empezar a colaborar con la CMI, o sea cuando era militante de IU a secas.
Reconozco pues, honestamente (que la honestidad quizás sea el primer requisito del comunista), que no estoy preparado para entrar a debatir el contenido de este libro, ni voy a intentarlo.
Acerca de los eventuales errores que haya en el mismo, no soy quien para opinar.
Lo que sí se, independientemente de los eventuales errores (habrá que ver si son tales), es que este libro se publicó en el 95, en un periodo en el que las ideas marxistas, y socialistas en general, estaban sometidas, tras la caída del Muro de Berlin y colapso de la URSS en el periodo 89-91, a un ataque sin precedente por parte de la burguesía.
El objetivo de Alan Woods y del fallecido Ted Grant no era otro que el de levantar la bandera del marxismo, en estos momentos difíciles, frente al enemigo de clase y su ideología, su filosofía. Por tanto, independientemente de los errores que pueda haber en el libro, que repito que esto habrá que comprobarlo, y si los hay, corregirlos, los comunistas tenemos que respaldar al menos el intento de los autores.


Yo daré mi opinión en cuanto tenga un poco de tiempo, pues creo que es un tema muy interesante y tiene más importancia de lo que pueda parecer.

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Mensajepor Jorge » 15 Dic 2007, 20:12

Nueva entrega de la polémica. Este es el Entre barcos a la deriva, una deriva entre barcos de Félix Monasterio. Es bastante largo, así que no creo que merezca la pena colgarlo entero.

Yo personalmente no he podido terminarlo.

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Mensajepor Kaneda » 15 Dic 2007, 22:09

Ufff, sinceramente está a un nivel en el cual no entiendo demasiado.
Me pasa un poco como a ese profesor de filosofía que tenía que a veces decía en clase (con cierta coña) "leeré a Bueno cuando lo traduzcan al castellano" :D

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Mensajepor Jorge » 15 Dic 2007, 22:21

Kaneda escribió:Ufff, sinceramente está a un nivel en el cual no entiendo demasiado.
Me pasa un poco como a ese profesor de filosofía que tenía que a veces decía en clase (con cierta coña) "leeré a Bueno cuando lo traduzcan al castellano" :D


Kaneda, no creo que ni tú ni yo lo entendamos porque esté a un nivel demasiado alto. Sino porque no es claro. Y la oscuridad casi siempre es disfraz para los malos argumentos.

Yo entiendo a Manuel Sacristán. Entiendo a Toni Domènech y Paco Fdez. Buey (sus mejores discípulos). Entiendo a filósofos de la ciencia como Jon Elster, John Searle o Martin Hollis (tengo esa afición, ¿qué pasa? :wink:). Y creo que los cinco piensan y escriben a un nivel muchísimo más alto que este hombre (y que Gustavo Bueno, dicho sea de paso). Por eso no tienen problema en ser claros (aunque a veces se hagan difíciles o hayas de releer una página tres veces) y en decir las cosas para que se entiendan... y puedan ser rebatidas.

Uno de mis heroes intelectuales es Erik Olin Wright, un sociólogo marxista norteamericano. Y escribe una cosa al principio de Clases (ed. Siglo XXI) que me parece muy importante: "sigo el consejo que me dió mi abuela (una socialista hasta el día de su muerte), escribe con claridad para que los demás sepan qué estás diciendo y puedan rebatirte con facilidad".

Parafraseando a Gramsci: la claridad intelectual es revolucionaria.

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Mensajepor Kaneda » 15 Dic 2007, 22:50

Entrando un poco en el ajo, yo si ésto fuera una guerra de trincheras me pondría en la de Manuel Martínez Llaneza.

Estando a años luz de ésta gente mi pequeña aportación sobre el último artículo que nos linka el compañero Jorge:

Creo que, por coger un ejemplo, lo que predica Monasterio sobre "el infinito" ("es una experiencia pero que se trata de un objeto virtual") me parece bastante pobre...intentar relacionar la experiencia (el que mirando a las estrellas te venga a la cabeza la idea de infinito y que por tanto el infinito exista materialmente por correspondencia) con la existencia material (el que el infinito, o la ilimitación existe), no me gusta. Será tal vez porque tenía un compañero de clase que infería del hecho de que pudieramos imaginar a dios el que dios existía, lo cual se corresponde perfectamente con lo que habla Monsterio si sustituimos cuando habla de "teoría de la verdad como correspondencia" el concepto "infinito" por el concepto "dios"...tendríamos una frase que dice "¿quién no "siente" a dios, al "primer motor" mirando las estrellas?".
Yo cuando miro a la estrellas (sobre todo en ciertos estados de ebriedad) me acojono realmente, me parece algo maravilloso...sí, divino (huy, qué cursi me ha quedao: "divino, osea")...ahora bien, que haya una relación correspondente entre lo que sugiere a alguien el mirar al cielo (a unos ilimitación, a otros dios) con la realidad material...no lo creo.

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Mensajepor Patrick Florent » 16 Dic 2007, 19:24

Leyendo las últimas aportaciones al respecto, me parece que el objetivo inicial del debate abierto por Martínez Llaneza, hacer una crítica que se quiere marxista al "Razón y Revolución" de Woods y Grant, se ha perdido entre críticas a la crítica y re-críticas a la misma. A estas alturas, supongo que tanto Monasterio-Huelin como Salvador López Arnal han debido incluso olvidarse del tema inicial, al que solo Martínez Llaneza ha hecho alguna contribución original. Desde luego, los que pudieramos estar interesados en saber por qué "Razón y Revolución, Filosofía Marxista y Ciencia Moderna" es un "mal" libro marxista, y está tan "plagado de errores", nos quedaremos con las ganas, si el debate ha de descansar sobre los susodichos. Dicho eso, si algunos de los compañeros de este foro, con mejor formación "intelectual" o "académica" (por así decirlo), como Jorge o Valerij (por los que siento el más absoluto respeto, más alla de mi tendencia natural a polemizar) pudieran hacer alguna aportación mejor al respecto que estos cultísimos que ya no se acuerdan de que se estaba hablando, bienvenido sea.
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“Quien se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir.”

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Mensajepor Patrick Florent » 23 Dic 2007, 20:37

Sigue la polémica en Rebelion acerca del Razón y Revolución de Alan Woods y Ted Grant, esta vez entra en el debate un camarada del PCE al que le tengo mucho aprecio por lo que escribe y al que considero humildemente como uno de los marxistas más consecuentes del Partido,
Ricardo Rodríguez del Río. (PV)

Doctrinarios y barcos a la deriva

Ricardo Rodríguez
Rebelión

1

A lo largo de estas semanas he seguido con creciente interés la polémica desarrollada en Rebelión a raíz de que se publicara una crítica de Manuel Martínez Llaneza a la obra de Ted Grant y Alan Woods Razón y revolución. En la polémica han participado Félix Monasterio-Huelin Maciá y Salvador López Arnal, uno para discrepar y otro para defender las opiniones de Martínez Llaneza, quien volvió a intervenir con un nuevo texto de respuesta.

Me había conformado con ser testigo de la disputa, intentando aprender lo que me fuese posible de quienes saben mucho más que yo. Pero la lectura del último artículo de Monasterio-Huelin, «Entre barcos a la deriva, una deriva entre barcos. Reivindicación de la síntesis» (tendrían que concederle algún tipo de premio por el título), me convenció de que quizá yo también podría decir algo de interés acerca de los asuntos sobre los que se debatía. Aunque igual no alcanzo a lograrlo, ya que jamás he sido campeón de vallas como él, y eso marca.

Tuve la oportunidad de leer la obra de Ted Grant y Alan Woods hace ya unos años, y gocé del inmenso privilegio de conocer personalmente al primero de los dos autores antes de su muerte, en 1997, cuando le acompañé en una de las presentaciones en España de su libro Rusia, de la revolución a la contrarrevolución. En mi casa guardo un ejemplar con una emocionada dedicatoria de su puño y letra y en la memoria un recuerdo lleno de cariño por su asombrosa inteligencia y por su tenacidad. Siento una profunda gratitud tanto hacia Ted Grant como hacia Alan Woods por su trayectoria personal de insobornable entrega en favor de los ideales de la revolución socialista, aunque no concuerde en ocasiones con sus opiniones. He leído con placer infinidad de trabajos suyos, y me parece admirable la más reciente lucha de Alan Woods en defensa de la revolución bolivariana, en Venezuela. Me alegra, además, que Martínez Llaneza comparta conmigo ese respeto por ellos.

Ahora bien, el respeto y la admiración jamás requieren el acuerdo absoluto e incondicional con cuanto manifieste aquel a quien se respeta o admira. Y cuando finalicé la lectura de Razón y revolución llegué a conclusiones muy similares a las expresadas por Martínez Llaneza en su escrito. Puede que mi opinión sobre la obra sea incluso más negativa. Me pareció errada la misma orientación que la animaba de juzgar la portentosa masa de conocimientos científicos acumulados hasta nuestro tiempo por la humanidad a la luz de una teoría general y abstracta que, utilizada como suprema falsilla, fuese dando razón de la verdad o falsedad de cualquier proposición, versara ésta sobre la teoría de la evolución o el movimiento de los planetas. Hace ya mucho tiempo, afortunadamente, que no existe ninguna Biblia a la que se reconozca el poder de ofrecer una explicación acabada de la totalidad del universo y a cuya sombra deban quedar cuantas ramas del conocimiento se desarrollen; ni Biblia, ni fe, ni tampoco metafísica. La conquista de una sociedad laica requirió de una lucha dura, pero fructífera. Una lucha en la que los científicos, por cierto, acostumbraban a ser los quemados, en el sentido más literal de la palabra, y nunca los que quemaban. Los intentos de la ortodoxia oficial soviética de convertir una caricatura del marxismo que denominaron diamat en nueva gran partera se saldaron con el fracaso más estrepitoso y con una bochornosa mediocridad intelectual. Que una tal forma de entender el marxismo pueda ser estimada como antídoto contra el dogmatismo, como lo hace Monasterio-Huelin, supone una vertiginosa vuelta del revés de la realidad que en gran medida escapa a mi comprensión, por más que él la disfrace con un farragoso alarde de erudición.

No me cabe la menor duda de que jamás fue intención de los autores de Razón y revolución edificar una nueva Biblia, ni siquiera una metafísica general y omnímoda. La posición ideológica de ambos se halla felizmente muy lejos de ambas pretensiones. Es más, no desconocían la deformación estalinista del marxismo; incluso le dedican un epígrafe, y ello hace más chocante aún que en el conjunto de su libro reproduzcan el esquematismo escolástico de Politzer y Afanasiev. Sucede que, a mi juicio, operaron como si dijéramos al revés. Pudieron intentar urdir una concepción general marxista de la ciencia, lo que con toda seguridad les hubiese permitido dar con formulaciones provechosas y sugerentes de haber seguido el consejo de Martínez Llaneza de profundizar en el estudio de la «producción social de las ciencias». En lugar de ello, quisieron, partiendo de un método presuntamente superior, dar cuenta de los resultados concretos y de teorías particulares de la física, las matemáticas o la biología. Ése es, creo yo, su fundamental error de enfoque, que necesariamente había de desembocar en multitud de errores específicos. Por ello era pertinente que éstos, al menos a título de ejemplo, fuesen señalados.

El resto del artículo en

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60934
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Mensajepor blasapisgun » 28 Dic 2007, 23:27

Critica sí, inquisición no.
Si la libertad de uno comienza donde acaba la de los demás, explotar a alguien es invadir su libertad. Blasapisgun
Mi blog http://blasapisguncuevas.blogcindario.com
Sin socialismo no hay democracia, sin democracia no hay socialismo.Blasapisgun

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Mensajepor Jorge » 29 Dic 2007, 01:08

blasapisgun escribió:Critica sí, inquisición no.


Creo que tanto Martínez Llaneza como Lopez Arnal y Ricardo Rodriguez (e incluso Sokal y Bricmont, que también han salido a relucir en el debate) estarán de acuerdo. Si no te explicar mejor, es difícil saber de qué hablas.

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Re: La ciencia, el marxismo y la izquierda

Mensajepor Kaneda » 19 Nov 2008, 20:24

Refloto éste hilo...¿habéis leido el último Viejo Topo?

López Arnal publica una carta de Manuel Sacristán a Joan Martínez Alier. En ella Sacristán responde a un "ataque" de Alier y habla (no es el tema central de la carta pero habla) y resumen de una forma sintética su postura sobre el marxismo y la ciencia.

No encuentro la carta por la red, seguramente aún no la han subido. Venía a decir algo así como que él no consideraba al marxismo ni teología (y por tanto irrefutable y acientífico) ni teoría pura como las matemáticas: el marxismo es una tradición emancipatoria que incorpora ciencia e incluso crea ciencia.

Estoy resumiendo su postura (lo cual le hace una tremenda injusticia porque incluso la suya allí era su posición resumida...así que "resumen de un resumen" no puede ser tomado seriamente, sólo una aproximación)

Intentad haceros con la carta, yo es que la leí hoy en la Biblioteca.

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Re: La ciencia, el marxismo y la izquierda

Mensajepor Kaneda » 19 Nov 2008, 23:58

He encontrado la carta. La penosa separación en párrafos es cualpa mía, que al copiarlo del PDF me ha quedado la mierda ésta. Se puede leer, junto con otros materiales,aquí

La negrita, que resalta lo que a éste debate interesa, es mía.

Contestación a la carta de J. Martínez Alier


MANUEL SACRISTÁN Luzón *

La carta de Martínez Alier me reprocha «tratar el anarcosindi-calismo como disfraz de falangistas» e ignorar que «el marxis-mo tiene suficientes puntos débiles, o discutibles, como para que uno se declare poco marxista». Las dos críticas me sor-prenden.
Por lo que hace a la primera: ni pienso que el anarcosindi-calismo sea disfraz de fascistas ni veo que lo haya dado a en-tender involuntariamente por defecto de lenguaje. Lo que pien-so, y lo digo en la intervención del verano pasado que motiva la carta de Martínez Alier, es que cierta demagogia fascista puede disfrazarse de anarquismo; después recuerdo que hay precedentes de eso, de los cuales sólo cito uno (y de los menos inquietantes: no el episodio de Sorel y Mussolini, por ejemplo, sino el mucho más trivial de F.E. de las J.O.N.S.).
Tal vez sea útil poner la alusión de entonces en su marco: yo creo que el marxista (por su realismo, por su intención cien-tífica, por su inspiración histórica empírica) está condenado a cargar con su reformista burgués, y que, análogamente, el anarquista (por la negatividad y lo especulativo de sus modos de pensar, de su «método») está condenado a cargar con su reaccionario, lo cual quiere decir en nuestro siglo: con su fas-cista. Pero esa observación —fruto de experiencia frecuente— no significa que el comunista marxista haya de ser un refor-mista burgués ni que el anarquista haya de ser un fascista. Añadiré que lo burgués reformista no me parece siempre mejor que lo reaccionario. Y, sobre todo, que doy poca importancia a este asunto, porque me parece que, a medida que nos alejamos del capitalismo de los clásicos de la economía, va
perdiendo consistencia (aunque todavía tiene alguna) la raíz social de semejantes distinciones entre ideologías burguesas. Tan poca importancia le doy a este asunto, que no ocupa en la redacción publicada más que dos líneas, 23 palabras, de un escrito de 8 páginas, unas 3.700 palabras.
Todo el resto de la intervención es autocrítica marxista, razón por la cual también me sorprende el segundo reproche de Martínez Alier, lo de que desconozco las dificultades del mar-xismo. Lo que ocurre es que los puntos críticos que relaciona Martínez Alier —un catálogo bastante completo de la crítica académica del marxismo, e incluso alguna cosa más— no son todos asuntos que interesaran en la ocasión de mi intervención del verano. Aquel día tratábamos sólo una cuestión candente del movimiento.
El catálogo de errores y problemas irresueltos del marxismo que compone Martínez Alier me parece, en general, bueno y suscribible. Tiene, de todos modos, alguna cosa rara: por ejem-plo, la simplificación a que somete las ideas sobre el parla-mentarismo más corrientes entre marxistas; lo mismo digo de la alusión al concepto de valor-trabajo, que parece presentado como si fuera una tesis normativa. Es poco probable que en-tendamos de maneras diferentes unas cosas tan básicas, de modo que aquí debe de haber mala formulación de Martínez Alier o mala lectura mía. Dejo el asunto para otra ocasión, como, en general, tengo que renunciar a tratar punto por punto el catálogo de errores: una lista se puede componer en unos pocos renglones, pero la discusión de sus puntos no es cosa que se pueda hacer en la respuesta a una carta. Sólo por no ocultar cómo creo que hay que trabajar estos problemas discutiré brevemente una de las tesis problemáticas, la que afirma que la consciencia espontánea de la clase obrera es sólo reivindicativa de lo inmediato, reformista, no revolucionaria, y que el partido político es imprescindible para que la clase llegue a una consciencia revolucionaria, no subalterna. Esa tesis (de dudosa importancia para el marxismo y, en cualquier caso, no compartida por todos los marxistas, sino contradicha, incluso, por algún clásico importante, señaladamente Historia y Consciencia de Clase de Lukács) es, en mi opinión, la formulación metafísica, no científica, de una generalización histórica susceptible de formulación empírica, pero vacía. Los usos de esa tesis —ingenuos, o ideológicos, o instrumentales— son semánticamente vacíos, puramente pragmáticos: cuando se afirma hoy (un hoy comenzado hace mucho) que la consciencia espontánea de la clase obrera no es revolucionaria, sino corporativa, se afirma una vaciedad (un «condicional contra-fáctico»), porque hace mucho tiempo que no hay consciencia espontánea en la lucha de clases. Tal vez sea verdad que si la consciencia de clase de una clase dominada es espontánea, entonces es reformista: pero esa implicación sirve para poco en el mundo euroamericano, a más tardar desde el libro I del Capital y la I Internacional, y probablemente desde antes. Hoy sirve principalmente para consolidar ciertos poderes políticos (de los gobiernos) o sociales (de los intelectuales).
Ahora bien: ese análisis no me permite afirmar que los partidos obreros sean simplemente aparatos de poder burocrático sobre la clase obrera. La falta de fundamentación metafísica del partido obrero no es falta de fundamentación sin más. El partido obrero tiene un fundamento práctico: es conveniente para la lucha de la clase en una sociedad que es política. Es conveniente pese a todas sus lacras, entendidas no ya con la banalidad de la ingenua propaganda anarquista, sino también con el pesado rigor de los grandes analistas reaccionarios, principalmente Michels y Mosca. A todo lo cual hay que añadir que, como lo enseña con cierta frecuencia la práctica de algunas aguerridas aristocracias anarquistas, la falta de organización política estable de la clase obrera abre camino a una demagogia carismática, caudillista, que maneja a una masa inarticulada y alienada en nombre, para colmo, de su supuesta espontaneidad. La mística del partido profesada por muchos marxistas y la mística antiburocrática profesada por muchos anarquistas se alimentan de reacciones contrapuestas a un mis-mo fantasma: la espontaneidad. El giro mental marxista que critico aquí sublima en una afirmación absoluta lo que no es más que resultado relativo de una inferencia histórica: el sesgo anarquista consiste en ignorar la realidad, lo empírico, actitud que suele llevar a entender los hechos como fruto de voluntades perversas: el partido obrero no se fundará en rasgos de la vida social moderna, sino en la maldad de unos burócratas, etc.
Cortaré aquí mi discusión. La necesidad de dejar sin discutir los puntos del catálogo de errores se puede admitir resignada-mente, porque lo que principalmente importa tener en claro es algo más general, a saber: que la refutación de muchas tesis de Marx o de marxistas no es ninguna prueba de que las maneras marxistas de pensar, el «método» materialista histórico-dialéctico, sean acientíficos, sino, en cierto sentido bastante trivial en filosofía de la ciencia, todo lo contrario. Si el marxismo fuera una filosofía especulativa sistemática, si fuera la suma del Diamat y el Histamat de los profesores rusos, en-tonces sería irrefutable y acientífico, como toda teología. Por otro lado, si el marxismo fuera ciencia en el sentido de la teoría positiva, como un sistema completo y detallado de tesis sobre un trozo de realidad, entonces la refutación de esas tesis, o de algunas de ellas en posición central, determinaría no una condena por acientificidad, sino su abandono en cuanto cons-trucción científica superada. Pero, como escribí hace ya muchos años (por lo que ahorro al lector —y, sobre todo y con perdón, me ahorro a mí mismo— el aburrimiento de la repetición pormenorizada), yo no creo que esa naturaleza propiamente teórica sea la del marxismo. Por lo demás, en la intervención objeto de esta polémica ni siquiera hablo de 'marxismo' a secas (yo me tomo muy en serio el hecho de que Marx no era marxista, según su célebre estallido) y no construyo como sujeto «el marxismo», sino «el comunismo marxista». En mi opinión, el marxismo es propiamente una tradición emancipatoria moderna, una tradición del movimiento obrero, no un sistema teórico; su interpretación y fijación como sistema teórico es un elemento de la ideología legitimadora de varios estados y grupos dirigentes políticos, y una rutina de grupo —también ideológica y legitimadora— de los profesores del este y del oeste, principalmente de los de economía y filosofía.
La empresa del marxismo no es la empresa de la ciencia, ni una empresa científica. Las «Sergas de Marx» no se parecen a las de Darwin, como muy bien vio éste y contra lo que muy mal creyó aquel. Eso no quita que uno de los rasgos característicos de la tradición marxista sea la intención de incorporarse ciencia e incluso hacer ciencia ella misma. La mejor manera de caracterizar el lado intelectual de la tradición marxista es verlo como una metódica. El joven Lukács, que no era nada precavido epistemológicamente, decía «método»; me parece interesante que se pueda coincidir en este punto central a pesar de usar instrumentos filosóficos muy diferentes.
Entre los elementos principales de esa metódica se cuentan: el ver la emancipación como un asunto básicamente económico-social y derivativamente ideológico y político («materialismo», visión complicada hoy por la presencia del estado en la base productiva); el necesitar, sin embargo, una comprensión integrada y autocontenida (sin transcendencias) de los diversos aspectos de la realidad social, la distinción entre los cuales le es, por otra parte, esencial (esta necesidad metódica es «la dia-léctica»); el requerir un fundamento empírico-racional de la práctica (es el motivo de la «unión del movimiento obrero con la ciencia»); el no darse a la fabulación de una vida futura, sino trabajar con lo que hay y partiendo de lo que hay (esto es el «principio de la práctica»). Los rasgos característicos de la tradición marxista la predisponen a una abundante producción de hipótesis (históricas, analíticas, prospectivas) y, por lo tanto, a refutaciones frecuentes. En la lista de Martínez Alier falta el caso que ahora me parece más central y más importante de hipótesis marxista comprometida: ¿hasta qué punto o con qué reelaboración se puede seguir pensando hoy —cuando las con-cepciones marxistas más clásicas sobre la ciencia natural, la tecnología y las fuerzas productivas en general muestran inade-cuaciones quizás importantes —que la clase de los trabajadores industriales lleva en sí el germen de una sociedad emancipada? Hace tiempo que oigo a Giulia Adinolfi decir que ésta es la cuestión en torno a la cual hay que centrar las discusiones en curso. Yo también lo creo ya.
Muy distinta es la situación de la tradición anarquista. La tra-dición anarquista, tal como suele presentarse, no entra en el campo de las hipótesis refutables. Yo creo que el anarquismo ha sido la metafísica del movimiento obrero, el simple enunciado del apriori. No porque no haya programado detalladamente —que lo ha hecho, y hasta en demasía—, sino porque su programación no ha solido tener realidad social ni, por lo tanto, contrastación posible. De ahí su irrefutabilidad doctrinal, y su escasa capacidad de enfrentarse con problemas específicos, y también su relativo florecimiento en épocas de crisis de las articulaciones de conceptos de intención científica, de crisis de los intentos de conseguir ciencia de la revolución. De ahí. por último, la honrosa condición que ha tenido el anarquismo de depósito de valores de la revolución social.
Digo todas esas cosas en tiempo pasado porque tengo la impre-sión de que la obligación de contestar a Martínez Alier me ha impuesto una discusión anacrónica. La larga lista de refutacio-nes lógicas y empíricas de tesis marxistas y la larga historia de empobrecimiento real y pérdida de influencia del anarquismo obrero deberían purificar el pensamiento de ambas tradiciones, eliminar algunos de sus rasgos diferenciadores y promover en todos la convicción (que es la mía) de que una de las tareas más importantes para este fin de siglo sería lo que podríamos llamar (más o menos autoirónicamente, según cada tempera-mento) la reunificación de la Internacional, que 'A.I.T.' pudiera volver a ser una sigla única, y que por vez primera llegara a ser universal. No es que me haga ninguna ilusión acerca de la realizabilidad de esa tarea. Ella tropieza, por un lado, con la suficiencia marxista y, por otro, con la obsesión ácrata de hostigar a los partidos obreros. en especial al que un conocido y veterano anarquista llamó hace unos meses en Mataró «el maldito Partido Comunista». De todos modos, ésa sí que me parece empresa importante, por lo menos en España, donde el anarquismo obrero todavía existe de verdad. Una de las primeras condiciones posibilitadoras de la tarea que digo es la vitalidad del anarquismo obrero, y aquí, particularmente, de la CNT. Por lo tanto, hay que defender a la CNT contra el cerco en que el poder está intentando encerrarla. Dicho sea de paso: para bastantes comunistas españoles intentar contribuir a la pervivencia de la tradición anarquista no es ninguna novedad. Por ejemplo: el primer intento de publicar a Anselmo Lorenzo después de la guerra civil lo hizo en los años 60 una editorial poco después destruida por la Censura franquista, la editorial Ciencia Nueva,promovida y dirigida por un grupo de comunistas madrileños (Alberto Corazón, Alberto Méndez, etc.). Y en Bar-celona, todavía en vida de Franco y antes de que hubiera una actividad editorial anarquista perceptible, Francisco Fernández Buey y yo editamos la Antología ácrata española de V. Muñoz.
Pero el ataque del gobierno no es el único peligro serio que amenaza a la CNT. Hay otro, que consiste en que cierto incons-ciente resentimiento antiproletario refugie en ella, más o menos transitoriamente, su odio de clase, polarizado contra los parti-dos obreros más representativos. Hay que precaverse contra la provocación del poder, pero también contra la acción de per-sonas que aún lleven dentro las enfermizas tensiones de la marginalidad pequeño-burguesa (la «neura» que sabiamente diagnosticaban los anarquistas de otros tiempos), o arraigados reflejos de las clases dominantes. Me hago cargo de que esas palabras pueden parecer una insinuación contra J. Martínez Alier, razón por la cual niego explícitamente que se refieran a él. Pero la verdad es que las escribo pensando en casos que conozco personalmente. Sobre todo, creo efectivamente que ésa es una de las grandes amenazas que pesan hoy sobre el anarcosindicalismo español.

M. S. L.

Barcelona, febrero de 1978


En la edición del Viejo Topo hay una nota aclaratoria de López Arnal que matiza lo que Sacristán dice sobre la correspondencia entre Darwin y Marx. Según Arnal, Sacristán se hace eco de un error sobre el contenido de esa correspondencia que era muy habitual en la época y que, al parecer, se ha descubierto falso.

¡Salud!

Gracco Babeuf
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Re: La ciencia, el marxismo y la izquierda

Mensajepor Gracco Babeuf » 20 Nov 2008, 09:02

Pues, esta mañana he abierto el foro, como cada mañana a las 7:15 más o menos, y he visto este hilo, muy interesante, y muy de mi agrado, por una razón muy sencilla: leí el libro hace años, y, además, cada vez que puedo intento leer algún párrafo.

En su día hice una crítica a los compañeros de la Fundación, pues a mi entender el libro es muy, pero que muy pretencioso, en el sentido de querer emular a Engels, o mejor dicho, ser la continuidad del más interesante libro de Marx-Engels(aunque Marx sólo escribe un capítulo, como todo el mundo sabe) que es el Anti-Durhing.

El Anti-Durhing es la exposición más acabada, más sencilla, más popular, más exaustiva y profunda, que existe del marxismo, que, como todo el mundo sabe, no es un dogma, o no debería serlo, sino que es un método de análisis para poder establecer una perspectiva en la que basar tu acción y lucha. Análisis, Programa y guía de acción, no hay dos sin tres, ni uno sin dos.

A los compañeros de la Fundación Fererico Engels les dije que el texto no es sencillo, no es aclaratiorio, la linea argumental no es clara, está muy embrollada con citas a "vuelapluma", una linea contra-argumental desordenada. En fin, un libro para no-obreros, sino, en todo caso, para personas cultas, o al menos inciciadas e interesadas en las ciencias y la filosofía.

En el libro yo prestaba atención a los aspectos que más me atrajeron, como por ejemplo la teoría del caos o la filosofía, y la verdad es que, sigo miránde de vez en cuando "a pesar" del contenido.

Pero, de la polémica, lo que más me interesa es que Alan Wood aun no ha respondido, en un medio, además, que él conoce y ha usado. ¿Por qué no responde?? Y si os digo lo que piendo, desde mi opinión persnal y prejuiciosa, no lo hace porque el libro es lo que es: un trabajo en donde se reciben aportaciones de mucha gente, opiniones, debates y charlas, tan ordenadas como los papeles que le sirven de guión cuando da una charla, y en donde David y Ted toman el papel de editores, y no de autores de dicho libro. El resultado es un texto farragoso, desconexo en ocasiones, muy, pero que muy mal traducido, a pesar de quien es el traductor, con una linea argumental que en ningún momento deja de hacer zig-zag's y, que en ocasiones, pierde la perspectiva del tema que trata, hablando de la revolución socialista en donde tiene que hablar de la teoría de los agujeros negros.

Conclusión, Alan no responde porque no tiene ni idea, no sabe que responder al señor Martínez, quien, muy inteligentemente se ha centrado en los aspectos más academicamente refutables y que no ha entrado en calificaciones personales contra Alan, como se afirma en alguna respuesta, ni ha hecho gala de ninguna pretensión, también presumida.

No obstante veo dos cosas, primero, que los textos me los he descargado para estudiarlos, y hasta entonces es mejor no entrar más que hasta donde se puede, no más, o patinas y te das de culo. Y dos, este tema lleva ya abierto un tiempo, por lo que lo mejor del debate no está en este hilo, así que si alguine puede indicarme donde está, lo agradezco.

Salud y Socialismo.

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Kaneda
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Re: La ciencia, el marxismo y la izquierda

Mensajepor Kaneda » 20 Nov 2008, 13:48

Hola Gracco. El debate sigue en éste hilo. Lo "reviví" yo para poner un texto de Sacristán que me pareció que casaba bien con el debate. El cruce de críticas en Rebelión sí que tiene ya su tiempecillo.

Cuando leas los textos, si quieres poner tu opinión, ponla por aquí, y así retomamos éste interesante debate si hay aportaciones nuevas.

¡Un saludo!

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Jorge
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Re: La ciencia, el marxismo y la izquierda

Mensajepor Jorge » 20 Nov 2008, 14:24

Había una canción muy divertida de un grupo de cabaret-político (por decir algo) aragonés llamado Puturrú de Fua. Se titulaba "Amor y marxismo" y comenzaba: "La dialéctica cariño, es una teoría científica...". Era una parodia muy graciosa de la obsesión del marxismo oficial por presentar sus posturas como una verdad científica. A ver si la encuentro.

Aquí podéis ver una breve Entrevista con Manuel Martínez Llaneza sobre ciencia y dialéctica de Salvador López Arnal.

La verdad es que es un tema muy interesante, aunque solo nos interese a freaks como Kaneda y yo mismo. En cuanto tenga un poco de tiempo me extiendo un poco más sobre lo que dice Sacristán (del que también es recomendable su Introducción al Anti-During, de la que ya habló Kaneda). Y al hilo de la postura del gran Joan Martínez Alier (economista libertario precursor y maestro de muchos ecosocialistas ibéricos), recordar que hoy se cumplen 72 años de la muerte de Buenaventura Durruti.


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