Trosky y Trotskismos

El título lo dice todo.
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Le Clash
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Mensajepor Le Clash » 29 Ago 2007, 09:09

Kaneda escribió:Si se pudieran dar "estrellitas" a los mensajes -o aplausos de esos que te suben en un contador, como en otros foros- te daría 5, enemicus. Comparto tu visión, es fundamental diferenciar a la persona y hechos de Trotsky de su aportación teórica a la construcción del socialismo.

Comparto con algún compañero la gran dificultad que se plantea a la hora de colaborar con grupos que se autodefinen trotskistas por su actitud ante todo lo "vendido a las instituciones" y "alejado de la realidad de la clase trabajadora" -todos los relacionados con IU lo somos...-. Mi experiencia de trabajo con ésta gente fue muy pequeña (aunque iba advertido) y me abrió bastante los ojos. Su rollo era tan sectario izquierdista que llegaba un poco a lo cómico (como detalle diré que en una reunión llamaron a la "Sema Negra de Gijón" -que no es más que una feria de libros con bocadillos de calamares y carruseles- "ese espacio fascista de izquierdas").
Aún así, no sé hasta que punto Trotsky si levantara la cabeza se autoreconocería en ellos: la mayoría son sectarios izquierdistas, sin más.

Creo que les da por autodefinirse trotskistas por la permisividad de la doctrina con la formación de "fracciones", lo cual les facilita el tener una buena excusa para separarse continuamente unos de otros en cuanto hay el más mínimo atisbo de diferencias y perpetuar así su "pureza sectaria".


Troskistas hay muchos. Desde los que parece que se tomaron un mal tripi hasta lo mas razonable y respetable.

No metemos en el mismo saco a talibanes comunistas forofos de Korea de Norte y a los que tienen dos dedos de frente ¿no?

Desde que se formara la IV Internacional hasta hoy ha pasado mucho y algunos de los grupos escindidos no se parecen en nada entre sí.
Normalmente el truco para ver quienes son los sectarios flipaos es ver quien se define como troskista, dandole un caracter de ideología en si misma al término.

Y os lo digo yo que yo sí he trabajado con muchos de diverso pelaje y condición.

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zZz
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Mensajepor zZz » 29 Ago 2007, 11:11

Le Clash escribió:
Kaneda escribió:Si se pudieran dar "estrellitas" a los mensajes -o aplausos de esos que te suben en un contador, como en otros foros- te daría 5, enemicus. Comparto tu visión, es fundamental diferenciar a la persona y hechos de Trotsky de su aportación teórica a la construcción del socialismo.

Comparto con algún compañero la gran dificultad que se plantea a la hora de colaborar con grupos que se autodefinen trotskistas por su actitud ante todo lo "vendido a las instituciones" y "alejado de la realidad de la clase trabajadora" -todos los relacionados con IU lo somos...-. Mi experiencia de trabajo con ésta gente fue muy pequeña (aunque iba advertido) y me abrió bastante los ojos. Su rollo era tan sectario izquierdista que llegaba un poco a lo cómico (como detalle diré que en una reunión llamaron a la "Sema Negra de Gijón" -que no es más que una feria de libros con bocadillos de calamares y carruseles- "ese espacio fascista de izquierdas").
Aún así, no sé hasta que punto Trotsky si levantara la cabeza se autoreconocería en ellos: la mayoría son sectarios izquierdistas, sin más.

Creo que les da por autodefinirse trotskistas por la permisividad de la doctrina con la formación de "fracciones", lo cual les facilita el tener una buena excusa para separarse continuamente unos de otros en cuanto hay el más mínimo atisbo de diferencias y perpetuar así su "pureza sectaria".


Troskistas hay muchos. Desde los que parece que se tomaron un mal tripi hasta lo mas razonable y respetable.

No metemos en el mismo saco a talibanes comunistas forofos de Korea de Norte y a los que tienen dos dedos de frente ¿no?

Desde que se formara la IV Internacional hasta hoy ha pasado mucho y algunos de los grupos escindidos no se parecen en nada entre sí.
Normalmente el truco para ver quienes son los sectarios flipaos es ver quien se define como troskista, dandole un caracter de ideología en si misma al término.

Y os lo digo yo que yo sí he trabajado con muchos de diverso pelaje y condición.


Desde luego coincido contigo. No se deberia meter en el mismo saco a todos los trotskistas. Como en IU cada asamblea es un mundo, cada oprganizacion trotskista es un mundo y cada agrupacion de estas tambien.

Tambien coincido con Patrick Vandeweyer. Porque mucha gente se declare trotskista no tienen porque serlo. Quizas las palabras y actuaciones de Trotsky fueron mal interpretadas, no se. Pero la conclusion a la que se puede llegar es que no se debe meter a todos los trotskistas en el mismo saco y que se deberia trabajar con ellos hasta que por las causas que sean ya no se pueda trabajar con ellos.

Sorge
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Mensajepor Sorge » 29 Ago 2007, 13:02

Patrick Vandeweyer escribió:“Los Trotskistas pueden tener buenos planteamientos pero es imposible trabajar con ellos. Ellos son los maximos exponentes del Marxismo, su organización es la organización mas revolucionaria y los demas son unos reaccionarios, etc...
Ese es el problema con un deje tan sectario repeles a la gente en vez de atraerla.”


El caso es que el sectarismo es completamente ajeno al marxismo.
No basta con tener buenos planteamientos, también hay que lograr que tengan un eco entre los trabajadores. Para separar a las masas de las viejas direcciones reformistas es necesario conducir un trabajo serio y sistemático en las organizaciones de masas, comenzando por los sindicatos, y es precisamente allí donde se atascan todos los sectarios.
Trotsky, en “Sectarismo, centrismo y la IV internacional” (1935) calificaba el sectarismo de la manera siguiente:

“El sectario considera la vida social como una gran escuela y se ve así mismo como un profesor en ella. En su opinión la clase obrera debería dejar de lado asuntos menos importantes y agruparse ordenadamente alrededor de su tribuna profesoral. Entonces la tarea estaría resuelta.

“Aunque nombra a Marx en cada frase, el sectario es la negación directa del materialismo dialéctico, que toma la experiencia como punto de partida y siempre vuelve a ella. El sectario no comprende la acción y reacción dialécticas entre un programa acabado y la lucha viva -es decir, imperfecta, inacabada- de las masas ... El sectarismo es hostil a la dialéctica (no en palabras, pero sí en los hechos) porque le vuelve la espalda al verdadero proceso que vive la clase obrera.”


Dicho esto, habrá que ver a quienes nos referimos como “trotskistas”, que muchos de los grupúsculos, sectas y seudo partidos existentes solo tienen de trotskistas el nombre, no se basan en los principios y métodos de Trotsky, y no le dan “buena prensa” en la izquierda revolucionaria.

Saludos comunistas
PV

Pero es que Trotski fue un pelin sectario cuando excomulgo al POUM por ser parte del frente popular.

Sorge
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Mensajepor Sorge » 29 Ago 2007, 13:03

Patrick Vandeweyer escribió:“Los Trotskistas pueden tener buenos planteamientos pero es imposible trabajar con ellos. Ellos son los maximos exponentes del Marxismo, su organización es la organización mas revolucionaria y los demas son unos reaccionarios, etc...
Ese es el problema con un deje tan sectario repeles a la gente en vez de atraerla.”


El caso es que el sectarismo es completamente ajeno al marxismo.
No basta con tener buenos planteamientos, también hay que lograr que tengan un eco entre los trabajadores. Para separar a las masas de las viejas direcciones reformistas es necesario conducir un trabajo serio y sistemático en las organizaciones de masas, comenzando por los sindicatos, y es precisamente allí donde se atascan todos los sectarios.
Trotsky, en “Sectarismo, centrismo y la IV internacional” (1935) calificaba el sectarismo de la manera siguiente:

“El sectario considera la vida social como una gran escuela y se ve así mismo como un profesor en ella. En su opinión la clase obrera debería dejar de lado asuntos menos importantes y agruparse ordenadamente alrededor de su tribuna profesoral. Entonces la tarea estaría resuelta.

“Aunque nombra a Marx en cada frase, el sectario es la negación directa del materialismo dialéctico, que toma la experiencia como punto de partida y siempre vuelve a ella. El sectario no comprende la acción y reacción dialécticas entre un programa acabado y la lucha viva -es decir, imperfecta, inacabada- de las masas ... El sectarismo es hostil a la dialéctica (no en palabras, pero sí en los hechos) porque le vuelve la espalda al verdadero proceso que vive la clase obrera.”


Dicho esto, habrá que ver a quienes nos referimos como “trotskistas”, que muchos de los grupúsculos, sectas y seudo partidos existentes solo tienen de trotskistas el nombre, no se basan en los principios y métodos de Trotsky, y no le dan “buena prensa” en la izquierda revolucionaria.

Saludos comunistas
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Pero es que Trotski fue un pelin sectario cuando excomulgo al POUM por ser parte del frente popular.

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Patrick Florent
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Mensajepor Patrick Florent » 29 Ago 2007, 14:45

También pienso que el enfoque de Enemicus es constructivo, alejado de dogmatismos y sectarismos.
La obra de los grandes del socialismo científico nunca puede tratarse como si fueran los Evangelios, “Palabra Sagrada de Marx”, de Lenin, de Trotsky o de quién sea, esto apenas necesita mencionarse.
Por otra parte, la discusión, la crítica y la polémica, incluso muy dura, era una cosa habitual entre los marxistas, Lenin era especialista en ello, pero solo un sectario (o un cínico) podría sacar la conclusión de desechar, por ejemplo, la obra de Rosa Luxemburgo por “anti-leninista” en base a las duras polémicas entre ella y Lenin y porque éste haya, a veces, demolido duramente sus puntos de vista.
Yo considero el estudio de los clásicos como necesario para la formación política, pero ojo, no son libros de recetas revolucionarias, no constituyen ninguna clave para las tareas políticas del futuro, en todo caso son, eso sí, fuentes de inspiración, instrumentos de comprensión de la realidad.
Si hay un solo principio del marxismo que se puede aceptar como “dogma” intocable, es precisamente este de Marx y Engels que dice “nuestra teoría no es un dogma sino una guía para la acción”.

Saludos comunistas
PV

PD: acabo de leer el mensaje de Sorge.
Trotsky no fue un pelín sectario al “excomulgar” al POUM, el caso es que se oponía totalmente a la táctica del Frente Popular, al igual que se opuso a la táctica anterior de la Komintern, la del socialfascismo.
De hecho, también se opuso a la creación del POUM como tal.
Aún así, Trotsky siguió considerando al POUM, al mismo tiempo que lo criticaba, caraceterizándolo como centrista, y en la medida en que Izquierda Comunista se le integró, como partido simpatizante de la Cuarta con lo que tampoco se trata de ninguna “excomunión”.
Por otra parte, ¿no fue Lenin también un “pelín sectario” con los mencheviques por oponerse a la política de colaboración de clase con la burguesía liberal?
Patrick V. Florent
“Quien se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir.”

Negras tormentas
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Mensajepor Negras tormentas » 29 Ago 2007, 16:12

Ahora hay poca gente que sienta la necesidad de definirse como trotskista porque esa adscripción suponía una línea política diferenciada (y opuesta) a la del stalinismo y la socialdemocracia. Reducidos los primeros a una tribu friki que no tiene "patria del socialismo" que enaltecer, intereses de "nomenklatura" a la que subordinar la estrategia, ni balneario rumano en el que veranear con los Ceaucescu, tampoco hay ninguna razón para parecer miembro de una religión sin serlo.

Por cierto, a la hora de señalar revoluciones triunfantes en la que participaron de forma notable los trotskistas, yo no olvidaría las de 1905 y 1917.

Sorge
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Mensajepor Sorge » 30 Ago 2007, 12:56

Trotsky no fue un pelín sectario al “excomulgar” al POUM, el caso es que se oponía totalmente a la táctica del Frente Popular, al igual que se opuso a la táctica anterior de la Komintern, la del socialfascismo.
De hecho, también se opuso a la creación del POUM como tal.
Aún así, Trotsky siguió considerando al POUM, al mismo tiempo que lo criticaba, caraceterizándolo como centrista, y en la medida en que Izquierda Comunista se le integró, como partido simpatizante de la Cuarta con lo que tampoco se trata de ninguna “excomunión”.
Por otra parte, ¿no fue Lenin también un “pelín sectario” con los mencheviques por oponerse a la política de colaboración de clase con la burguesía liberal?


Bueno me basaba la ruptura total con Trotski en lo que pone en wikipedia en la biografia de Nin:
http://es.wikipedia.org/wiki/Andreu_Nin, y un libro de un militante del POUM no se exactamente de que corriente era, ya dare mas datos concretamente de quien lo escribe, de todas maneras si tienes bibliografia y enlaces para profundizar al respecto pues si no te importa aportarlos.

Pero es que no tiene nada que ver la circunstancias de Rusia con la de España,Los Bolcheviques se lanzaron a la toma del poder revolucionaria cuando vieron que este estaba totalmente deshecho, cuando la derecha fracaso en el intento de golpe de Kornilov,es decir estaban el bolchevismo a la ofensiva.

El problema es que en España era una situación a la defensiva de emergencia en la izquierda, se habia sucedido la revolución de Asturias con los resultados ya sabido, tambien se desarrolla en Europa, como sabeis, un auge del fascismo y del nazismo, habia la necesidad de hacer un pacto amplio hasta con la burguesia liberal de centro-izquierda para poder contrasrretar esta situación tan desfavorable, evidentemente la politica de clase contra clase no favorecio para detener al nazi-fascismo fue un error grave. :(

Ahora hay poca gente que sienta la necesidad de definirse como trotskista porque esa adscripción suponía una línea política diferenciada (y opuesta) a la del stalinismo y la socialdemocracia. Reducidos los primeros a una tribu friki que no tiene "patria del socialismo" que enaltecer, intereses de "nomenklatura" a la que subordinar la estrategia, ni balneario rumano en el que veranear con los Ceaucescu, tampoco hay ninguna razón para parecer miembro de una religión sin serlo.

Por cierto, a la hora de señalar revoluciones triunfantes en la que participaron de forma notable los trotskistas, yo no olvidaría las de 1905 y 1917.

Por cierto quien tenia muy buenas relaciones con Rumania, no eran precisamente organizaciones stalinistas, sino el mismo...PCE por lo menos durante la secretaria general de Santiago Carrillo , los documentos de unos de los congresos tras la transición fueron editados en Rumania.
vamos preguntenle a don Santiago por los balnearios rumanos, tendra un monton de anecdota que comentar :wink:
Es obvio,pero bueno recordar, saber que Rumania estaba enfrentado a la URRS y que Carrillo pregono hasta en yanquilandia su antisovietismo visceral.

No olvidemos tampoco que los trotskistas tardaron su tiempecito en unirse al partido bolchevique, siempre se encontraban en posiciones centristas,se consideraban el tercer espacio.
Evidemente a Trotski se les puede reconocer cosas, pero no se puede cambio el culto a Stalin por el culto a Trotski como la IV pretenden...

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Patrick Florent
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Mensajepor Patrick Florent » 30 Ago 2007, 13:34

Como se abrió este hilo con la pregunta de quién fue Trotsky, con un artículo que aborda el tema desde una óptica claramente antitrotskista (por no decir estalinista), creo que sería justo equilibrar la cosa y ofrecer una reseña biográfica escrita desde el punto de vista opuesto.

Saludos comunistas
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Trotsky. Vida e ideas de un revolucionario

Duncan Hallas*

En mayo de 1940, León Trotski escribió un artículo titulado “Stalin quiere mi muerte”. Una predicción acertada, ya que tres meses después, el 20 de agosto del mismo año, el agente estalinista Ramón Mercader, alias Frank Jacson, le clavó un pico en la cabeza, en Coyoacán, México.

Este asesinato fue el último de los crímenes en masa que acabaron con la vieja guardia bolchevique. Rikov, el sucesor de Lenin como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, fue ejecutado, y también lo fue Zinoviev, que fue presidente de la Internacional Comunista cuando Lenin aún vivía.

Asesinaron a Bujarin y a Piatakov, que según el testamento de Lenin eran los miembros jóvenes más capaces del Comité Central; también Rakovski y Radek murieron; y decenas de miles de miembros del antiguo partido desaparecieron para siempre en los campos de trabajo del Ártico. Todos aquellos militantes que en su día hicieron posible la Revolución de Octubre habían sido prácticamente eliminados.

Sólo quedaba uno de los líderes de los años de la revolución y de la guerra civil, José Stalin que, según Lenin hubiera sido bueno que abandonara el cargo de Secretario General. Ahora gobernaba Rusia de un modo aún más despótico que Iván el Terrible.

Trotski escribió su opinión sobre todos estos hechos un año antes de su muerte: "el estalinismo tenía que eliminar políticamente y luego físicamente a todos los líderes del bolchevismo, para convertirse en lo que es hoy: un aparato para mantener los privilegios, un freno para el desarrollo de la historia, un medio para el imperialismo"…

El terror estalinista había enterrado las esperanzas de la Revolución de Octubre. Pero no se había producido una sencilla contrarrevolución, porque ni los terratenientes, ni los capitalistas, ni los burgueses de la época zarista recuperaron sus posesiones. Stalin no fundó ninguna dinastía y los principales miembros de su burocracia tampoco recibieron el derecho legal a la propiedad "pública". Aun así, la clase trabajadora, el proletariado que oficialmente era quien "gobernaba", no tenía ningún derecho político, ni siquiera mantuvo los derechos básicos que había conseguido bajo el régimen zarista.

Los sindicatos se convirtieron en máquinas para mantener la disciplina. ¡Y vaya disciplina! El 28 de diciembre de 1938, Stalin decretó que los obreros o empleados que abandonaran su lugar de trabajo sin permiso, o que cometieran algún acto contra la disciplina laboral podían ser expulsados de sus viviendas durante 10 días, sin ofrecerles ninguna otra residencia. ¡En el mismo "Estado de los trabajadores", se les imponía las condiciones de las colonias industriales del siglo XIX!

Este mismo decreto abolió el derecho a las vacaciones retribuidas tras cinco meses y medio de trabajo, y trataba el tema de la puntualidad del modo siguiente: un trabajador que llegara demasiado tarde a su puesto, que se fuera a comer demasiado pronto, que volviera demasiado tarde o que flojeara durante las horas de trabajo, podía ser procesado por la administración. Y aquel encargado que no entablara los procesos o juicios oportunos, él mismo sería procesado o despedido. Todo esto se aplicaba a los trabajadores "libres", por supuesto. Para los más obstinados estaban los campos de trabajo.

También se introdujeron desigualdades salariales: no había negociación posible, claro. Se generalizaron los planes de incentivos salariales por productividad.
Los burócratas más privilegiados recibían salarios cada vez más altos, además de tener otras ventajas adicionales para sus familias: coches, casas de campo, vacaciones pagadas en Crimea, etc. Mientras, Stalin iba diciendo: "No debemos jugar con toda esa fraseología sobre la igualdad. Eso es jugar con fuego".

De la primera revolución proletaria que había logrado triunfar, había crecido una sociedad que reproducía las desigualdades y la opresión del sistema capitalista, gobernada por una dictadura de hierro, una dictadura no de los trabajadores, sino sobre ellos.

Trotski dedicó los últimos años de su vida política a luchar contra esa reacción, analizándola, explicando sus causas e intentando mantener viva la tradición socialista revolucionaria contra la asfixiante presión del estalinismo en Rusia y en el resto del mundo.

Trotsky se hace revolucionario

Trotski nació en Ucrania en 1879, hijo de un granjero judío. En esa época aún no se había producido ninguna movilización obrera en el imperio zarista, porque de hecho, prácticamente no existía la clase trabajadora.
El imperio estaba formado por unos pocos aristócratas de alta categoría, otros de más baja categoría (los oficiales del ejército) y la maquinaria del Estado; una clase media de comerciantes, abogados, médicos, etc., más una gran masa de campesinos. Sobre todos ellos gobernaba el Zar, como Luis XIV había gobernado Francia... como un monarca absoluto.
No había parlamento, ni libertad de prensa ni de movimiento, los ciudadanos no eran iguales ante la ley, etc. Hasta 1861, los campesinos, la gran mayoría del pueblo ruso, fueron legalmente siervos, esclavos que no podían abandonar el pueblo donde habían nacido y que podían ser comprados y vendidos por sus amos, junto con las tierras.

Rusia era un país atrasado, medieval. Tan atrasado que en muchos aspectos se parecía más a la Francia de antes de la revolución de 1789, que a los países capitalistas de Europa occidental y central.
Sin embargo, un gran cambio se avecinaba. Durante la infancia y la adolescencia de Trotski, la industria se desarrolló rápidamente en Rusia, alimentada por capital y técnicos extranjeros. Se desarrollarían entonces nuevas clases sociales: una clase capitalista, aún no tan fuerte como la de occidente, y una clase trabajadora.

A la larga, con el crecimiento de estas clases, el régimen zarista acabaría por estallar. Aún en 1895, el ministro zarista de economía escribía: "Afortunadamente, Rusia no posee una clase obrera tan grande como Occidente. Por eso aquí no tenemos problemas con los trabajadores".

La verdad es que estaba un poco despistado, ya que si en 1887 había 103.000 trabajadores de la siderurgia, en 1897 había 642.000. Y hacia 1914, de una población de 160.000.000 habitantes, la clase trabajadora había aumentado a 5.000.000.

Esta joven clase trabajadora desarrolló una militancia y un número de luchas obreras sin precedentes, que no se había vuelto a producir desde 1830 y 1840, el período heroico de la clase trabajadora británica. A principios del siglo XX, una ola de huelgas azotó al sistema zarista hasta sus cimientos y provocó la explosión de 1905.
Aparecieron los "soviets" o consejos de trabajadores, una nueva forma de organización obrera, ideados por algún trabajador anónimo. Durante un tiempo se mantuvo un doble poder: el poder de los trabajadores organizados en soviets, que se enfrentaba al gobierno aterrorizado del Zar.

Todo el régimen se tambaleó aunque, al final, fue capaz de restablecer su poder. Los trabajadores revolucionarios se enfrentaron a un ejército de campesinos aún fiel al Zar. Hubo una represión cruel y feroz.
Trotski creció con el movimiento. Cuando aún era un adolescente, se afilió al grupo revolucionario de Niko-layev, la Liga Obrera del Sur de Rusia. En 1898 fue arrestado y pasó por varias cárceles antes de ser desterrado a Siberia, en 1900.

Logró huir el verano de 1902. Inició entonces su formación marxista y se convirtió en un escritor bastante reconocido. En otoño se reunió en Londres con Lenin, que le propuso unirse al comité de redacción de Iskra, el periódico del partido socialista que se imprimía en Londres y se introducía clandestinamente en Rusia.
Esta propuesta fue rechazada por el miembro más antiguo del comité, Plejanov, uno de los fundadores del partido y futuro menchevique. Faltaban ya pocos meses para la escisión del partido socialista ruso y las relaciones entre Lenin y algunos de sus compañeros ya empezaban a ser tensas.

El partido consistía entonces en un puñado de emigrantes residentes en Londres, Zurich y otras ciudades europeas, y también en algunos grupos ilegales de trabajadores y estudiantes de algunos centros industriales de Rusia y de Siberia.

En un principio, podía parecer que la escisión, que llegó durante el segundo congreso, celebrado en Bruselas y luego en Londres, se producía a causa de una cuestión organizativa insignificante. Pero en realidad sí había diferencias subyacentes de vital importancia.

Lenin y su grupo, que serían los bolcheviques –que significa "la mayoría"–, querían un partido revolucionario fuertemente organizado, capaz de sobrevivir a la ilegalidad y a la represión. Creían que sólo la clase trabajadora, unida al campesinado, podría acabar con el sistema zarista y sustituirlo por una república basada en una constitución democrática que asegurara la soberanía del pueblo. Es decir, el poder soberano del Estado debía concentrarse en manos de una asamblea legislativa formada por representantes del pueblo (éste era el proyecto de Lenin sobre el programa del partido socialdemócrata ruso, 1902).

La visión de los mencheviques –"la minoría", en ruso– era distinta: creían que la clase capitalista rusa podía liderar esa lucha y para eso bastaba con una organización no tan fuerte, que fuera capaz de trabajar en la semilegalidad. Lo que ni unos ni otros podían imaginarse era que una revolución socialista fuese posible en un país tan atrasado y subdesarrollado como Rusia. La revolución, creían ellos, vendría después, tras un período de desarrollo económico capitalista bajo una república democrática.

La verdad es que en 1903 las diferencias aún no eran tan claras como más tarde lo serían. No todos entendían muy bien qué implicaciones conllevaba el decantarse por una u otra opción. En ese entonces, Plejanov, que más tarde sería el líder de la extrema derecha de los mencheviques, apoyaba a Lenin. Pero Trotski se oponía, decisión que después calificaría como el “error más grave de mi vida”.
En 1905, los exiliados revolucionarios pudieron volver a Rusia. Trotski, que entonces estaba entre las filas de los mencheviques, jugó un importante papel en la infructuosa revolución de 1905. A finales de ese año, fue nombrado presidente del Soviet de Petrogrado, una de las organizaciones obreras más importantes de Rusia.

Sin embargo, la máquina militar y policial del imperio zarista se había reanimado y eliminó la organización, hecho que supuso un punto de inflexión en la revolución. Trotski fue encarcelado de nuevo. Fue procesado por un crimen capital; desde el banquillo de los acusados había desafiado al Zar: "Ya hace mucho que este Gobierno ha roto con la nación… Lo que tenemos no es un Gobierno nacional, sino un autómata que asesina en masa".

El movimiento revolucionario, aún latente, consiguió que el Gobierno actuara con prudencia: el cargo principal –por insurrección– fue desestimado por el tribunal, aunque Trotski y otros 14 compañeros fueron deportados a Siberia de por vida, perdiendo así todo derecho civil.
Tras 1906, durante los años de la reacción, las organizaciones revolucionarias se debilitaron y decayeron a causa de la represión continua y de los espías. En Rusia, la organización menchevique casi desapareció. E incluso los bolcheviques de Lenin, que se habían dividido en dos grupos, uno orientado hacia la izquierda y otro hacia la derecha (Lenin pertenecía a éste último), se convirtieron en tan sólo una sombra de lo que habían sido en el pasado.

En los círculos de emigrados empezaron a desarrollarse amargas disputas entre distintas facciones. Trotski, que volvió a escaparse de Siberia en 1907, pronto se encontró casi aislado: los mencheviques le rechazaron, pues se habían inclinado demasiado a la derecha, y él tampoco fue capaz de superar la hostilidad que sentía hacia los bolcheviques. Se convirtió en un lobo solitario.

Lo más positivo que logró en aquellos años fue la teoría de la revolución permanente. La idea básica era que la inminente revolución de Rusia no podía estancarse en la etapa de la república democrática, sino que debía desarrollarse hacia una revolución proletaria para tomar el poder y entonces, unirse a todas las revoluciones de los trabajadores de los países capitalistas más avanzados, para no fracasar.

En realidad no era muy diferente de la concepción de Lenin. Pero a causa de la desconfianza que sentía, no quería aliarse con la única y verdadera organización revolucionaria: los bolcheviques.
De la guerra a la revolución

El 4 de agosto de 1914, el mundo entero se transformó: había estallado la guerra imperialista, previsible desde hacía tiempo. Todos los líderes de los grandes partidos socialdemócratas se olvidaron del marxismo y del internacionalismo y claudicaron ante sus propios gobiernos, hecho que destrozó a la Internacional Socialista.

En los países beligerantes, el movimiento se dividió entre los renegados y los internacionalistas. En septiembre de 1915, se reunieron en Zimmerwald, Suiza, 38 delegados de 11 países, para reafirmar los principios del socialismo internacional. Trotski escribió el manifiesto que se distribuyó en la conferencia.

Aunque a Zimmerwald acudieron tanto revolucionarios como pacifistas, pronto se dividirían. Así, el núcleo revolucionario se convirtió en el precursor de la Tercera Internacional.

La oposición revolucionaria crecía en todos los Estados que participaban en la guerra, pero fue en Rusia donde realmente se produjo la ruptura. En febrero de 1917, toda una serie de huelgas masivas y de manifestaciones lograron derrocar al Zar. Y fueron los militantes de la clase trabajadora de Petrogrado –muchos de ellos, bolcheviques– los que lideraron el movimiento.

Ya desde el principio, los líderes de los soviets, los campesinos y los representantes de los soldados podían haber barrido tranquilamente la fachada casi desmoronada del Gobierno Provisional; podían haber tomado el poder. Pero no lo hicieron porque, como muchos eran mencheviques y socialrevolucionarios (el partido de los campesinos), creían que la república democrática era uno de los pasos necesarios para que el capitalismo se desarrollara y creara las bases de una lucha por el socialismo en un futuro lejano. Eso conllevaba seguir con la guerra y con la "disciplina" de la clase trabajadora y del campesinado.

Incluso algunos bolcheviques vacilaron: notablemente dos miembros del comité central, Kámenev y Stalin, que se habían escapado de Siberia para hacerse cargo del partido en Petrogrado. Pero cuando Lenin regresó en abril, rechazó estos argumentos.
Sus consignas fueron "Abajo el Gobierno Provisional"; "Paz, pan y tierra". Y aunque al principio, sólo una minoría en su propio partido seguía sus ideas revolucionarias, Lenin se fue ganando primero al partido y luego a todos los soviets. En esencia, era lo mismo que la "revolución permanente" de Trotski. En julio, este y otros ex-mencheviques de izquierda ingresaron en el partido de Lenin.

Cuando el otoño llegó, casi todos los trabajadores apoyaban a los bolcheviques. Con la consigna: "Todo el poder para los soviets", acabaron con el Gobierno Provisional. En Petrogrado, ya no quedaba casi ninguna mano que se levantara para apoyarlo.

Para Trotski, los años siguientes fueron los que le dieron más fama: primero como Comisario de Relaciones Exteriores y luego como Comisario de la Guerra, fue, después de Lenin, el mayor espíritu impulsor de la revolución.

Fueron años de optimismo revolucionario: todo parecía posible. Y aunque el Gobierno socialista tuvo que luchar desesperadamente contra las masivas intervenciones extranjeras –esto es, contra los ejércitos de 14 potencias– y contra un ejército blanco armado y financiado por otros países, Europa entera parecía estar al borde de una revolución.

En realidad, se establecieron soviets revolucionarios en lugares como Hungría, Baviera, Finlandia y Letonia. El emperador alemán, el austríaco y el sultán turco… todos fueron derrocados. En Italia, toda una serie de huelgas masivas y de violentas manifestaciones paralizaron al Estado capitalista. Parecía que en Alemania también estallaría una revolución roja…

Incluso Lenin, con lo sobrio que era, escribió en 1918: "La historia nos ha dado, a los oprimidos y explotados de Rusia, el honorable papel de ser la vanguardia de una revolución socialista internacional. Y hoy, ya podemos ver cuan lejos puede llegar esta revolución. Hemos empezado en Rusia; pero continuará en Alemania, luego en Francia y en Inglaterra… y al final, veremos que el socialismo habrá vencido".

Trotski no tenía ninguna duda de que la "lucha final" estallaría en ese momento. Cuando en 1919 se fundó la Tercera Internacional, escribió en su primer manifiesto: "Los oportunistas que antes de la Guerra Mundial ya pedían que los trabajadores fueran más moderados para pasar gradualmente al socialismo, están pidiendo otra vez que el proletariado renuncie a la revolución. Si esas prédicas calaran entre la clase trabajadora, el capitalismo se desarrollaría de nuevo, esta vez más fuerte y terrible, y pesaría sobre los hombros de muchas generaciones. Con la perspectiva, además, de una nueva e inevitable guerra mundial. Por suerte, eso no es posible".

De hecho, el triunfo de la revolución en Alemania pendía de un hilo… Las fuerzas que se enfrentaban estaban muy equilibradas. El éxito hubiera cambiado el curso de la historia europea y mundial. Pero su fracaso significó la victoria definitiva de la reacción, no sólo en Alemania, sino también en Rusia. Porque la guerra civil arruinó su ya atrasada economía y dispersó a la clase trabajadora. Si se derrotó a la contrarrevolución blanca fue porque la gran mayoría del pueblo ruso, el campesinado, sabía que la revolución le había dado la tierra y que una nueva reforma se la arrebataría de nuevo.

Aún así, como la guerra había diezmado la clase trabajadora, al final perdieron gran parte de su poder. En 1921, el número de trabajadores había disminuido a 1.240.000; Petrogrado había perdido el 57,5% de su población; la producción industrial había caído a un 13% de su miserable nivel de 1913. El país padecía ruina y hambre; sólo se sostenía por el partido y por la maquinaria de Estado desarrollada durante la guerra civil.

Esta situación no se había previsto. Cuando se firmó la paz de Brest Litovsk con Alemania en 1918, Lenin escribió: "Esto debe servirnos a todos de lección, pues la verdad es que sin el triunfo de la revolución en Alemania, no sobreviviremos". Porque, claro está, la clase trabajadora rusa, una pequeña minoría con una economía de base muy débil, no podía mantener a todo un Estado de los trabajadores por mucho tiempo, si no se integraba la economía rusa a la de un país socialista desarrollado.

Lenin lo repitió durante el tercer congreso de la Tercera Internacional, en 1921: "Para nosotros, estaba claro que sin la ayuda de las otras revoluciones del mundo, la victoria del proletariado era imposible. Incluso antes y después de la revolución, pensábamos que ésta llegaría también de inmediato, o por lo menos muy pronto, a todos los demás países atrasados, así como también a los países capitalistas más desarrollados. Si no, fracasaríamos. Y a pesar de esta convicción, hicimos todo lo que pudimos para preservar el sistema de los soviets, bajo cualquier circunstancia y a cualquier coste, porque sabíamos que no estábamos trabajando sólo para nosotros mismos, sino también para la revolución internacional".

Y en 1921, esa revolución internacional había sido derrotada: el régimen comunista de Rusia se enfrentaba ahora a otra grave crisis. Los campesinos, liberados del miedo al terrateniente, empezaron a movilizarse violentamente: motines de campesinos en Tambov, el alzamiento en Kronstadt y huelgas en apoyo a éste mostraron que el régimen ya no gozaba del apoyo popular. Se estaba convirtiendo en una dictadura para los campesinos y lo que quedaba de la clase trabajadora.

Era necesario volver a atrás. Así, a partir de 1921, con la Nueva Política Económica (NEP), se recreó un mercado interior y se dio libertad al campesinado para producir en beneficio propio y para vender y comprar lo que quisiera. También se permitió la producción privada de bienes de consumo y las grandes industrias, propiedad del Estado, pasaron a funcionar basándose en principios comerciales.

El resultado fue una recuperación lenta pero sustancial, que aún así trajo consigo un gran desempleo –nunca disminuyó de la quinta parte de la clase obrera– y la aparición de una nueva clase de agricultores capitalistas, los kulaks, que pasaron a tener un estatus más elevado que el resto del campesinado.

La degeneración burocrática

A mediados de los años veinte, se alcanzaron los niveles de producción económica de 1913 y en algunos casos se sobrepasaron. Pero para entonces, el equilibrio de las fuerzas sociales se había alterado completamente.

¿Qué clase de sociedad estaba emergiendo? Ya en 1920, Lenin sostenía: "El camarada Trotski habla del «Estado obrero». Permítaseme decir que eso es una abstracción. Se comprende que en 1917 hablásemos del Estado obrero: pero ahora se comete un error manifiesto cuando se nos dice: «¿Para qué defender, y frente a quién defender, a la clase obrera, si no hay burguesía y el Estado es obrero?»… En nuestro país, el Estado no es, en realidad, obrero, sino obrero y campesino. Esto en primer término… Pero hay más. En el Programa de nuestro Partido… afirmamos que nuestro Estado es obrero con una deformación burocrática”.

Desde entonces, las deformaciones burocráticas crecieron enormemente y el partido dirigente, aparte de crecer, también se convirtió en un partido cada vez más burocrático. Como no había una clase trabajadora lo suficientemente fuerte y cohesionada y con la suficiente voluntad como para gobernar, el partido tuvo que sustituir a los trabajadores y el aparato del partido fue reemplazando a los miembros.

Apareció un nuevo grupo de "aparatchiks" (burócratas del aparato estatal), junto con los kulaks y los "nepmen" (pequeña burguesía capitalista, favorecida por la NEP). Trotski definió la política, en una de sus frases más sorprendentes, como "la lucha por los excedentes", lucha que se desarrolló entre estos tres grupos, por encima del resto de la población, de los campesinos y de los obreros.

Entre los distintos rangos del partido también empezó a haber una confrontación de opiniones, sobre todo entre los líderes. Trotski, muy alarmado por ese giro hacia la derecha, se convirtió en el portavoz de la tendencia iniciada por Lenin durante los últimos meses de su vida, que retomó la lucha para democratizar el partido y para restablecer los soviets como el órgano real de organización para obreros y campesinos.

Desarrollar la industria más rápidamente y de un modo más planificado, es decir, pasar a una etapa de socialización acelerada, formaba parte del programa elaborado por la Oposición de Izquierda (así se llamó al grupo de Trotski). Para los marxistas era imposible que se llevara a cabo la democratización, si la clase obrera no tenía más confianza en sí misma y si no aumentaba en "peso" y en número.

La tendencia más conservadora, encabezada por Bujarin, apostaba por la estabilidad, por la acumulación de capital "a paso de tortuga" y era partidaria de estimular a los campesinos para crear excedentes agrícolas, para que estuvieran satisfechos, y eso incluía a los kulaks.

Luego había también una tercera postura, "de centro", que representaba a los aparatchiks, la burocracia, que posteriormente se alió con la derecha. Su figura más destacada era José Stalin, un viejo bolchevique y un organizador muy competente, con una voluntad de hierro y una ambición ilimitada. Hizo de la burocracia una nueva clase, consciente de sus intereses y de su propia ideología: el "socialismo en un solo país".

Los de izquierda creían en una reforma pacífica, y en que la presión de los hechos y de la propia Oposición haría cambiar al partido y al país. Pero en realidad, como la degeneración burocrática se había extendido tanto, resultó que la Oposición fue vencida con una facilidad sorprendente. Y aunque sus filas contaban con la presencia de los miembros más distinguidos, con el grupo de Zinoviev (que se unió en 1926), uno de los colaboradores más íntimos de Lenin en el exilio, con Krupskaya, la viuda de Lenin, y con el grupo democrático-centralista de ultraizquierda, la Oposición fue rechazada por una mayoría aplastante en todas las reuniones del partido, atestadas de aduladores de Stalin.

En octubre de 1927, Trotski y Zinóviev fueron expulsados del partido. A partir de entonces, ellos y miles de simpatizantes tuvieron que emprender un largo viaje hacia el exilio. Como la Oposición había sido aplastada, sus líderes anunciaron el terrible peligro que se avecinaba a causa de la derecha, desde el extranjero.

El Thermidor soviético –Trotski llamó así al nuevo orden político de Rusia— era inminente. Los representantes de los nepmen y los kulaks podían haber derrocado al partido: en 1928, alentados por la liquidación de la izquierda, maquinaron una "huelga", reteniendo el grano, e hicieron caer a las ciudades en el hambre más absoluta. El régimen realmente se enfrentaba a un grave peligro: a la derecha, cuya fuerza política no había sido bien calculada ni por el partido, ni por la oposición.

La contrarrevolución

La burocracia experimentó un cambio total de sus directrices políticas. Después de pasarse años satisfaciendo a los campesinos más ricos, de repente empezaron a forzar la colectivización y a intentar "acabar con la clase de los kulaks".

Bajo el disfraz del poder del partido único, unos pocos burócratas estaban gobernando Rusia. Pronto se convertirían en los títeres de un solo hombre: en 1930 Stalin se había convertido en el nuevo Zar, si no en la forma, sí en el fondo.

Aparte del ritmo brutal de colectivización, se estableció un programa de industrialización forzosa y se puso en marcha una planificación frenética que superaba los planes más ambiciosos de los miembros más optimistas de la Oposición. Su consigna era: "Llevar a cabo el plan quinquenal en cuatro años".

El hombre que se había mofado de los moderados planes de la Oposición y que los había tildado de demasiado utópicos, quería ahora alcanzar y dejar atrás a los países capitalistas más avanzados, en unos pocos años.

Cierto es que con el primer plan quinquenal se logró establecer las bases para crear una sociedad industrial, pero fue a costa de someter a trabajadores y campesinos a una explotación brutal. Los salarios reales disminuyeron drásticamente. A los trabajadores "libres", que tenían que seguir unas normas draconianas, hay que añadir todo un ejército de jornaleros esclavizados, la mayor parte antiguos campesinos, trabajando en la construcción a gran escala, bajo unas espantosas condiciones.

Desapareció cualquier vestigio de los derechos democráticos, al punto de emerger un régimen totalmente autoritario.
Todos estos hechos desintegraron a la Oposición en el exilio. Muchos de sus líderes hicieron las paces con Stalin. Pero los de la base, empezaron a estar de acuerdo con los centralistas democráticos en que otra revolución era necesaria. "El partido es un cadáver que se está pudriendo", escribió Victor Smirnov, líder de los centralistas democráticos. En su opinión, el Estado de los trabajadores ya había sido destruido años antes y el capitalismo se había vuelto a implantar.

Sin embargo, Trotski no estaba de acuerdo con ninguna de las dos posturas. El insistía en la necesidad de una democracia soviética, no quería rendirse ante Stalin. Por otro lado no creía en una segunda revolución, sino en la posibilidad de que se aplicaran reformas pacíficas.
Era una valoración irreal y tuvo que abandonarla dieciocho meses después. Los hechos acaecidos en Alemania constituyeron el impulso que le hizo cambiar.

La Tercera Internacional preocupaba a la Oposición de Izquierda tanto como Rusia. Es cierto que en los primeros años, estuvo lejos de ser un instrumento de Moscú, pero en cuanto el espíritu revolucionario se alejó de Europa, los partidos empezaron a apoyarse en el único régimen "soviético", y a depender de él. Los consejos que venían de Moscú se convirtieron en la fuente más importante de sus ideas políticas.

El ejecutivo de la Internacional, dominado por Rusia y por tanto, por los aparatchiks, empezó a intervenir en la vida nacional de los partidos.
El mito de la "patria soviética" comenzó a ser importante para los comunistas de Europa y Asia. Y tanto a los espíritus más independientes, como a los marxistas más serios, se les fue borrando poco a poco del liderazgo. Tardaron 10 años en reducir lo que había sido un movimiento mundial a la única posición de Moscú. En 1929, habían completado el proceso.

La oposición a Stalin

Mientras el bloque de centroderecha gobernaba Rusia, también la política de la Internacional fue virando hacia la derecha. Se promovieron políticas semi-reformistas que comportaron numerosos fracasos evitables.

La Oposición criticó duramente las decisiones del Comintern y empezó a intentar contactar con los miembros disidentes de partidos de otros países. Pero en cuanto Stalin hubo eliminado a sus antiguos aliados de derechas, el Comitern cambió radicalmente su posición hacia la izquierda, una izquierda lunática por cierto, y se decidió una ofensiva revolucionaria general, llamada: el tercer período.

Se inventó la teoría del socialfascismo. Los socialdemócratas y los laboristas eran ahora "socialfascistas", los grupos a su izquierda, eran "socialfascistas de izquierda".
En Alemania, donde el peligro del fascismo era muy real, la política de Stalin rechazó todo tipo de resistencia antifascista conjunta con los socialdemócratas y los sindicatos bajo su influencia. ¡Porque ellos también eran fascistas! De hecho cualquiera que no fuera leal a Stalin era considerado fascista: "Alemania ya está viviendo bajo ley fascista", dijo el periódico comunista alemán. "Hitler no puede hacer la situación nada peor de lo que ya es". En contra de esta política loca, Trotski –desde 1929 en el exilio en Turquía– escribió unas de sus mejores obras.

Si hubiera sido posible hacer cambiar a los líderes estalinistas del Partido Comunista Alemán mediante la razón, se habría vencido a Hitler; la oportunidad existía. Un frente de unidad todavía podría llevar a la victoria. Pero los líderes del Partido Comunista estaban perdidos. La única voz que escuchaban era la de Stalin entonando que: "La socialdemocracia y el fascismo no están opuestos: son gemelos".

El movimiento obrero alemán fue destrozado. El Partido Comunista se rindió sin luchar. Así Hitler llegó al poder y empezó la preparación de la Segunda Guerra Mundial.
Esta derrota causó la ruptura de Trotski con la Internacional. "Una organización que no se ha despertado con el rayo del fascismo… está muerta y no puede ser reanimada".

Poco después, abandonó su posición reformista sobre Rusia. Se necesitaba una nueva revolución para deshacerse de la dictadura burocrática.
Sin embargo, no cambió su idea acerca de que Rusia era un "Estado obrero deformado". En los últimos años se aferró a esta abstracción: un Estado obrero donde los trabajadores no sólo no estaban en el poder, sino que ni siquiera tenían los más elementales derechos políticos. Esto fue un error que tuvo una influencia duradera y perniciosa sobre toda la izquierda revolucionaria.

En ese momento Trotski estaba casi solo. Después de la catástrofe alemana, en Rusia empezó una gran purga. Stalin consolidó su ley personal a través de asesinatos en masa, matando a capituladores, derechistas e incluso a muchos de sus propios nuevos partidarios.
Los opositores fueron denunciados, junto a Trotski, como agentes de Hitler, contrarrevolucionarios, espías y saboteadores. Se impuso una grotesca serie de juicios farsa, donde los mayores líderes de la revolución de la época de Lenin eran forzados a confesar las propias culpas y las del monstruo llamado Trotski.

Se creó un clima de opinión en el que era imposible para Trotski influenciar a los trabajadores de izquierdas. "La burocracia estalinista consiguió identificarse con el marxismo… Estibadores militantes franceses, mineros polacos y guerrilleros chinos veían a los gobernantes rusos como a los mejores jueces de los intereses de los soviets y consejeros de confianza del comunismo mundial".

El Comintern giró hacia la derecha otra vez. La política exterior de Stalin exigía una alianza con las "democracias occidentales". El "frente popular" –la subordinación de los partidos de trabajadores a los conservadores, liberales y progresistas– era la nueva línea.
Esto permitió a Stalin estrangular la otra revolución: la española. Trotski llamó a la derrota española "el último aviso". Gastó todas las energías de los últimos años de su exilio, en Francia, Noruega y luego en México, intentando crear un núcleo para una nueva Internacional, la Cuarta. Y de hecho, la conferencia inaugural tuvo lugar en 1938 bajo las sombras de las múltiples derrotas de los trabajadores. A Trotski en este momento le quedaban menos de dos años de vida por delante.

Conservar viva la tradición del marxismo revolucionario era una hazaña imperecedera para las décadas futuras.
Trotski estaba muy lejos de ser infalible. Lenin había escrito en su testamento, que era "demasiado soberbio". Para su mala suerte, en sus últimos años, pocos de sus seguidores tuvieron un pensamiento independiente.
El hecho de que él dominara a sus seguidores era, al mismo tiempo, su fuerza y su tragedia. A lo mejor no existió otro hombre que hubiera podido resistir el aislamiento y los ataques como él lo hizo.
Su contribución al socialismo revolucionario y al movimiento obrero es insuperable hasta el momento. El es uno del puñado de personajes verdaderamente grandes que el movimiento ha producido.
_______________
*Notas
Duncan Hallas fue miembro destacado del Socialist Workers Party de Gran Bretaña. Empezó su actividad revolucionaria en los años 40, y fue uno de los fundadores de la Tendencia Socialista Internacional (IST). Murió durante el 2002.
Este artículo se publicó primero en inglés, en el periódico británico Socialist Worker, en agosto de 1970. La primera edición en castellano fue publicada en el Estado Español, este mayo de 2003. La traducción estuvo a cargo de Laia Martínez y Raffaella Basso.
Patrick V. Florent
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Riutin
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Mensajepor Riutin » 01 Sep 2007, 21:08

Buenas tardes,
La corriente mayoritaria de la IV Internacional -lo que se llamaba el Secretario Unificado dirigido por el difunto Ernest Mandel- no me parece nada de sectaria. Son la gente que edita la excelente revista "Viento Sur" en España y que están detrás de la LCR francesa... Estos ni tan siquiera se consideran trotskystas en sentido estricto y forman parte de un marxismo, que no es el mío, pero que creo que cualquiera puede considerar abierto e intelectualmente potente. En España ha dado personalidades como el gran economista y buena persona Jesús Albarracín (¡que la tierra te sea leve, maestro!), Pedro Montes, Miguel Romero, Jaime Pastor... Todas personas de las que se disentirá o no, pero sanas, culturalmente ricas y luchadoras...
Otra cosa son las sectas trotskystas... No quiero ofender a nadie ni comenzar un debate sobre grupos con los que hace mucho que no me codeo y en los que supongo hay gente buena, pero conviene separar a estos de la corriente principal de la IV Internacional. De lo contrario, pobre herencia del inteligente y controvertido (gran) León...
El análisis de Enemicus es soberbio y aquí, yo también, me inclino ante él. :plas:
Salud,
Riutin
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enemicus
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Mensajepor enemicus » 01 Sep 2007, 21:47

Riutin escribió:El análisis de Enemicus es soberbio y aquí, yo también, me inclino ante él. :plas:


Bueno..., os agradezco a ti y a Kaneda vuestros comentarios :wink: :wink: , tanto que me habéis animado a subirlo al blog aun a riesgo de que se origine un cruce de comentarios posteriormente entre partes enfrentadas... JAJAJAJAJAJAJAJA.

Riutin

Un gusto verte por aqui, y eso que pasas poco, que por cómo escribes veo que eres un tío interesante ... :wink:

Saludos.
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chapel
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Mensajepor chapel » 02 Sep 2007, 12:12

Riutin escribió:Buenas tardes,
La corriente mayoritaria de la IV Internacional -lo que se llamaba el Secretario Unificado dirigido por el difunto Ernest Mandel- no me parece nada de sectaria. Son la gente que edita la excelente revista "Viento Sur" en España y que están detrás de la LCR francesa...


Yo no quiero ser la voz discordante por que tambien estoy deacuerdo con mucho de lo que habeis dicho, pero decir que "no me parece demasiado sectaria" y "que están detrás de la LCR francesa"... Creo que es justo lo contrario, vamos, o esa fue mi impresión. Tampoco quiero abrir un debate que ya tiene otro hilo, pero si no lo digo no me quedo agusto.

Y si no que se lo digan al super mega guay rojo anticapitalista partido que están creando.....

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Patrick Florent
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67º aniversario del asesinato de Trotsky:acto en Venezuela

Mensajepor Patrick Florent » 03 Sep 2007, 12:18

67º aniversario del asesinato de Trotsky: Gran acto en Venezuela

escrito por Corriente Marxista Revolucionaria - Venezuela

sábado, 01 de septiembre de 2007

El acto fue en la sala José Félix Rivas del teatro Teresa Carreño donde hubo una asistencia aproximada de 300 personas auspiciado por el Ministerio del Poder Popular para el Trabajo y la Seguridad Social. Contó con la presencia del camarada Esteban Volkov Bronstein, nieto de León Trotsky, quien narró sus experiencias con su abuelo. Habló de la participación de Trotsky en la revolución de octubre, en la creación del ejército rojo y sobre todo en la lucha de éste contra la degeneración estalinista.
Esteban narró claramente cuando Trotsky tuvo que exiliarse forzosamente en otros países, cuando fue desterrado de la Unión Soviética en 1930, pero especialmente habló de su estancia en México cuando fue invitado por Diego Rivera y el gobierno de Lázaro Cárdenas. Esteban explicó la lucha que tuvo Trotsky contra el estalinismo y sobre todo en la creación de la cuarta internacional en 1938, que fue organizada en Europa por su hijo León Sedov, quien fuera asesinado por agentes estalinistas en Paris en el empeño de Stalin por acabar con las ideas del trotskismo, que recopilaba las tradiciones del bolchevismo. Esteban finalizó describiendo el último período de Trotsky en México, cuando vivió con su abuelo y Natalia Sedova, la segunda esposa de Trotsky, y narró los dos atentados para asesinar al organizador del ejército rojo. El primero llevado a cabo por David Alfaro Siqueiros (el famoso pintor mexicano y militante del Partido Comunista) quien entró en la casa en la media noche con una subametralladora y disparó contra la habitación de Trotsky. Esteban comentó que un pintor nunca cambia sus pinceles por armas, pero en este caso fue diferente. Pero la determinación de Stalin de acabar con la vida de Trotsky llevó a que Ramón Mercader asesinara brutalmente al hombre que estuvo junto a Lenin en la Revolución de Octubre. Al final de su participación, Esteban dijo que no estaba en la casa cuando ocurrió el hecho, pero que nunca olvidará cuando llegaba de la escuela y veía a mucha gente alrededor de la casa y sintió que algo terrible había pasado.

Luego tuvimos la participación de Ydalberto Ferrera, un camarada trotskista cubano que participó activamente con otros camaradas trotskistas contra la dictadura de Machado en el movimiento revolucionario de 1933. Pero la clase obrera no logó tomar el poder, así que el ejército con Batista al frente lideró el golpe de estado. Desafortunadamente, luego de la degeneración de la Internacional Comunista bajo Stalin, el Partido Comunista cubano no escapo a esta degeneración y tuvo a varios ministros en el gobierno de Batista en 1942. Luego habló de la revolución de 1958 en la que Ydalberto participó activamente criticando activamente las posturas estalinistas de algunos sectores comunistas. También dio un saludo de parte de los trotskistas cubanos que luchan por la emancipación no solo de la clase obrera de Cuba sino de Latinoamérica y el mundo.

El siguiente expositor que fue Ricardo Napurí, gran luchador contra el imperialismo en Latinoamérica, sobre todo en Perú. Explicó qué es la Ley del Desarrollo desigual y combinado y la teoría de la revolución permanente. Ricardo fue parte de la Fuerza Aérea Peruana y dijo que tuvo la oportunidad de viajar para conocer la Revolución Cubana. Viajo en el mismo avión con la madre de Che. Sólo pensaba quedarse algunos meses, sin embargo colaboró con el Che en el Ministerio de Industrias varios años y en su exposición dijo que logró darle algunos textos de Trotsky al Che. Dijo que la revolución en Venezuela debe romper con el capitalismo y expropiar política y económicamente a la burguesía, sino puede retrogradar. Saludo a varios dirigentes obreros en Venezuela y criticó fuertemente a la burocracia.

La última en participar fue Celia Hart, quien dijo que llegó a Trotsky gracias al Che, recomendando el libro "Apuntes críticos a la economía política" del Che. Habló de su libro "Apuntes Revolucionarios. Cuba, Venezuela y el socialismo internacional", editado por la Fundación Federico Engels y distribuido en Venezuela por la CMR. Dijo que dentro del PSUV es muy difícil que no existan tendencias, pues los reformistas sin duda van a plantear las suyas, pero que los revolucionarios que apoyamos a Chávez debemos explicar nuestras posturas en el seno del Partido.

Los camaradas de la CMR tuvimos una destacada presencia en el evento vendiendo nuestro periódico EL MILITANTE [Vocero marxista del PSUV] y libros marxistas, donde logramos vender casi 1 millón de bolívares, demostrando que las ideas de Marx, Engels, Lenin y Trotsky están más vigentes que nunca y sobre todo de la importancia de las ideas del organizador del ejército rojo en la revolución bolivariana. También recogimos firmas para la Nacionalización de Sanitarios Maracay y SIDOR, dos empresa vitales para la economía nacional.
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Mensajepor Patrick Florent » 03 Sep 2007, 12:23

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Negras tormentas
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Mensajepor Negras tormentas » 03 Sep 2007, 23:51

Por cierto quien tenia muy buenas relaciones con Rumania, no eran precisamente organizaciones stalinistas, sino el mismo...PCE por lo menos durante la secretaria general de Santiago Carrillo , los documentos de unos de los congresos tras la transición fueron editados en Rumania.
vamos preguntenle a don Santiago por los balnearios rumanos, tendra un monton de anecdota que comentar
Es obvio,pero bueno recordar, saber que Rumania estaba enfrentado a la URRS y que Carrillo pregono hasta en yanquilandia su antisovietismo visceral.


Me refería a Carrillo. En España el único partido prosoviético de cierta relevancia era el PCC, pero el PCE fue un partido claramnete estalinista, al menos hasta finales de los 60 cuando comprendieron que los intereses de la nomenklatura no tenían que coincidir necesariamnete con los de los dirigentes del PCE. Iniciaron entonces el camino de la socialdemocratización que debería conducir a la hegemonía de la izquierda en la transición del franquismo.
Los extraños amigos del PCE supongo que servirían para contribuir a su financiación
La corriente mayoritaria de la IV Internacional -lo que se llamaba el Secretario Unificado dirigido por el difunto Ernest Mandel- no me parece nada de sectaria. Son la gente que edita la excelente revista "Viento Sur" en España y que están detrás de la LCR francesa... Estos ni tan siquiera se consideran trotskystas en sentido estricto y forman parte de un marxismo, que no es el mío, pero que creo que cualquiera puede considerar abierto e intelectualmente potente. En España ha dado personalidades como el gran economista y buena persona Jesús Albarracín (¡que la tierra te sea leve, maestro!), Pedro Montes, Miguel Romero, Jaime Pastor... Todas personas de las que se disentirá o no, pero sanas, culturalmente ricas y luchadoras...
Otra cosa son las sectas trotskystas... No quiero ofender a nadie ni comenzar un debate sobre grupos con los que hace mucho que no me codeo y en los que supongo hay gente buena, pero conviene separar a estos de la corriente principal de la IV Internacional. De lo contrario, pobre herencia del inteligente y controvertido (gran) León...


Como ya hemos discutido bastante sobre la LCR francesa, me gustaría introducir el caso del Bloco portugués, en el que confluyen corrientes diversas, pero cuyos portavoces más conocidos están en la óribita del Secretariado Unificado de la IV.
Pego una entrevista con el portavoz del Bloco, no sea que cuando hablamos de trotskistas no estemos todos hablando de lo mismo.





.

"Creo que si un partido no es capaz de plantearse como referencia en los debates políticos nacionales, principalmente por su capacidad de iniciativa, va al fracaso"

Francisco Louça (Bloque de Izquierdas)
Los pasados días 2 y 3 de junio se celebró en Lisboa la 5ª Convención Nacional del Bloque de Izquierdas. Desde su creación en 1999, esta organización unitaria de la izquierda anticapitalista en Portugal se ha consolidado fuertemente e implantado en el país, convirtiéndose hoy en una fuerza significativa que cuenta con 4.200 militantes, una presencia activa en las luchas y los movimientos sociales, así como 350 electos/as locales y 8 parlamentarios nacionales. El pasado 7 de julio, nos hemos entrevistado con Francisco Louça, candidato del Bloque en las elecciones presidenciales de enero de 2005 (5,3% de votos) y portavoz de esta organización.




El Bloque de Izquierdas es un partido pluralista de la izquierda socialista. ¿Cómo se define en relación al núcleo duro del programa socialista, en el sentido fuerte del término, es decir a la socialización de los grandes medios de producción, de distribución, de crédito, etc. ? ¿Cómo abordáis la cuestión clave de la propiedad en vuestro programa ? ¿Es posible refundar una izquierda anticapitalista sin tomar claramente posición sobre esta cuestión?





Francisco Louça. Cuando se formó el Bloque, hace ocho años, hicimos una opción política que sigo creyendo válida : crear nuestro partido sobre la base de las confrontaciones políticas que definían nuestra intervención y no de una cohesión ideológica a priori. Hemos reunido así tradiciones muy diferentes, salidas del Partido Comunista, de las corrientes maoístas o marxista-revolucionaria (trotskistas), así como de los movimientos sociales independientes. La posibilidad de construir este reagrupamiento, en una situación muy defensiva, implicaba que fuéramos capaces de formular propuestas políticas y de tener un impacto en la sociedad. No hemos, pues, comenzado por discutir un programa de referencia histórica, sino un programa de intervención política.


Nos hemos definido como socialistas un poco después de nuestra fundación, esto en un doble sentido : en primer lugar, rechazando el “socialismo real” (el estalinismo, las experiencias de la URSS, de los países del Este y de China), luego reivindicándonos de la lucha anticapitalista, contra la experiencia socialdemócrata y su versión social-liberal actual. En este sentido, defendemos la idea de la propiedad colectiva. Pero lo que es verdaderamente importante, en particular para las organizaciones que han seguido el camino de pequeños grupos minoritarios, es encontrar el medio de expresar ideas políticas que disputan la influencia en las masas. Por tanto, hemos traducido nuestras ideas socialistas en propuestas concretas, muy ligadas a las modalidades de la vida política en Portugal. Por ejemplo, hemos propuesto recientemente la socialización de los servicios del agua, de la energía, etc., y una de nuestras principales campañas de este año gira alrededor de la defensa, de la modernización y de la transformación del Servicio Nacional de Salud. Esto nos permite concretar nuestra perspectiva de socialización sobre la base de necesidades sociales y de luchas concretas.





Leyendo la resolución mayoritaria de vuestro congreso de junio, se nota una diferencia bastante clara entre la forma en que abordáis las cuestiones sociales y las cuestiones medioambientales. Sobre las primeras, planteáis reivindicaciones defensivas –rechazo de las privatizaciones, defensa de una seguridad social que responda a las necesidades de todas y todos, etc.-, es decir un programa antiliberal, compatible con una perspectiva keynesiana de la izquierda. Sobre las segundas, indicáis que no se puede responder a un problema tan grave como el desarregle climático sin poner en cuestión la lógica misma del capitalismo. Me parece que vuestro planteamiento se hace aquí más radical, incluso en las formulaciones elegidas. ¿No hay ahí una tensión entre un programa social mínimo, que corresponde a la defensa de objetivos “posibles “ -el término es por otra parte utilizado en varias ocasiones- y la necesidad de una ruptura fuerte con el capitalismo, principalmente en lo referido a las cuestiones ecológicas?





Sobre todas las cuestiones, la única estrategia coherente, es la ruptura con el capitalismo. No compartimos una perspectiva keynesiana de izquierdas, porque es una perspectiva de mercado, que tuvo una base material en los sistemas capitalistas de después de la Segunda Guerra Mundial, pero que no es ya posible hoy. Defendemos por el contrario que la izquierda, nuestra izquierda al menos, está obligada a disputar la conciencia y la capacidad de acción de la gente sin limitarse a hacer propaganda por el socialismo. En realidad, la idea según la cual la única alternativa práctica sería el socialismo, que no puede ser un objetivo inmediato, produce una perturbación en el pensamiento de izquierdas. Para luchar, hay que reivindicar todo, y sin embargo… todo no es posible. ¡Hay que romper ese espejo loco !


Si el objetivo central de las burguesías europeas, al menos de la burguesía portuguesa, es suprimir una parte del salario indirecto de los trabajadores/as y apropiarse de una renta sobre la masa fiscal, sobre la parte socializada del Estado, esto nos impone defender los servicios públicos como un asunto democrático de nuestra responsabilidad colectiva, y ganar a la mayoría de la población para un objetivo así. ¡Este combate no es defensivo ! Es lo más ofensivo que se pueda contemplar, puesto que presentando propuestas concretas, y por tanto posibles, la gente puede ver que son aplicables. Es lo que hacemos en el terreno de la salud o de la seguridad social. Por ejemplo, frente a la mayor iniciativa de este gobierno de mayoría socialista, la reforma de la seguridad social, hemos sido el único partido en presentar una alternativa concreta en términos de modo de financiación, el papel de la fiscalidad o del reparto entre generaciones. Esto nos ha dado un impacto muy importante, porque todo el mundo podía comprender que el único argumento de los partidarios de una liberalización de la seguridad social –que es la única alternativa viable- era erróneo. Hay que disputar claramente esos terrenos.


Dicho esto, nuestro congreso ha desarrollado una posición de fondo más programática sobre la cuestión del medio ambiente, centrada en las perturbaciones climáticas, sin duda porque era la primera vez que lo hacíamos. Nos era preciso explicar por qué las soluciones de mercado, “a la Gore”, conducen a un callejón sin salida desde el punto de vista de la transformación de las costumbres de consumo, de las formas de producción, del reparto de las riquezas, de las relaciones Norte-Sur, etc., es la razón de que hayamos elegido una tonalidad más educativa.





Durante estos 20 a 25 últimos años, los resultados acumulativos de las políticas neoliberales, las del capitalismo “realmente existente”, han producido una regresión social cuyos efectos han sido profundos en la conciencia de clase. Se puede así constatar un reflujo general de las solidaridades en beneficio del “sálvese quien pueda” individual, que traduce un dominio creciente de la ideología burguesa… Amplios sectores de la sociedad están más dispersos que nunca y sufren de lleno la ofensiva material e ideológica del capital. Esta situación favorece la multiplicación de divisiones en cascada, entre activos y parados, poseedores de un contrato de trabajo de duración indefinida y precarios, nacionales e inmigrantes, viejos y jóvenes, hombres y mujeres, etc… Este debilitamiento general de las capacidades de resistencia marca una degradación cualitativa de las correlaciones de fuerza. En un contexto así, resistir duraderamente implica no sólo reunir al movimiento social alrededor de objetivos antiliberales, sino también reconstruirle, lo que supone la redefinición de un horizonte de transformación social radical: lo que podría significar el socialismo para el movimiento obrero de antes de la Segunda Guerra mundial… ¿Qué piensas de todo esto?





Me parece que la izquierda no tiene una respuesta muy completa a esta cuestión, porque la única respuesta posible deberá basarse en la experiencia social, la creación de nuevas tradiciones de lucha. Pero creo que hay dos elementos de respuesta. En primer lugar, la capacidad de iniciativa política ; luego, la organización de nuevas redes sociales, de nuevas formas de intervención social. Creo que la clave de la estrategia de la izquierda socialista es retomar la iniciativa y la ofensiva, allí donde es posible, y guardar siempre esta orientación. Respeto mucho a los núcleos militantes y la tradición de la izquierda radical europea, pero creo que si un partido no es capaz de plantearse como referencia en los debates políticos nacionales, principalmente por su capacidad de iniciativa, va al fracaso. Es absolutamente necesario construir esta capacidad de acción política de referencia.


Doy dos ejemplos de nuestra historia. El Bloque se formó en 1999, en un momento en que, a pesar de la marea en ascenso del liberalismo, del individualismo y de la privatización de la conciencia, Portugal conoció un movimiento bastante excepcional de solidaridad con el pueblo de Timor, no aún independiente, bajo la presión militar de Indonesia : una huelga nacional, manifestaciones de calle durante días enteros, por tanto una movilización que no respondía a intereses materiales. ¿Cómo una tal capacidad de compromiso y de iniciativa fue posible en un clima globalmente defensivo ? La respuesta es política : ciertas tensiones pueden permitir iniciativas importante sobre temas concretos. Por otra parte, muy recientemente, hemos ganado un referéndum sobre el aborto con una mayoría del 60% a favor de una de las leyes más avanzadas de Europa, y esto en un país muy católico, en el que el peso de la Iglesia sobre el aparato político es muy fuerte. Esto se explica por la capacidad de iniciativa de los partidarios de la despenalización. Hemos podido dividir el centro y la derecha, atraer a diputados/as de derechas a la onda del movimiento, y esto sobre un tema clave : ¿cómo se puede continuar encarcelando a mujeres por haber abortado ? Esto ha cambiado completamente los datos del debate político. Hay pues que desconfiar de las actitudes aparentemente muy radicales, pero que desembocan en realidad en el atentismo, porque nada parece posible. No, muchas cosas son posibles…, a condición de hacer opciones y de crear una correlación de fuerzas tomando la iniciativa allí donde son practicables avances.


En el fondo, creo que tienes razón. Hay que contemplar una reorganización profunda del movimiento social del siglo XXI. En efecto, los precarios serán difícilmente organizados por los sindicatos. Hay que crear otros tipos de redes y de organizaciones sociales. Tenemos algunas experiencias en la materia. Por ejemplo, hemos reunido una marcha por el empleo, hace un año, que ha recorrido el país. Había dos o tres mítines públicos por día, a veces con muchos trabajadores y trabajadoras. Los asalariados/as de empresas a punto de quebrar o amenazadas de cierre tomaban contacto con nosotros. Hemos tomado este problema muy en serio, porque hay más o menos un 10% de parados/as en Portugal. Y los trabajadores/as no ven alternativa, porque es difícil. Sin embargo, en algunos casos, hemos obtenido resultados significativos. Militantes del Bloque de Izquierdas dirigen la comisión obrera de una de las fábricas más importantes del país, la Volkswagen, en el sur de Lisboa, que cuenta con algunos miles de trabajadores. Aquí, los asalariados/as han aceptado renunciar a aumentos salariales para que algunas centenas de precarios entre ellos/ellas sean integrados a la empresa. Esto ha reforzado la confianza en soluciones solidarias, en un contexto extremadamente defensivo.





Al final del siglo XX, el movimiento altermundialista ha representado un elemento de ruptura en el plano de las ideas. Se ha visto así aparecer una nueva forma de internacionalismo. Dicho esto, la dificultad de este movimiento para enganchar con movilizaciones sociales de envergadura muestra también algunos de sus límites. Vuestro documento de congreso señala dos ejemplos europeos –las movilizaciones de la juventud contra el CPE en Francia o de los/as estudiantes griegos contra las reformas de Bolonia –que no habrían sido concebibles sin el precedente del movimiento altermundialista. Pero tales ejemplos son aún limitados. Sin movilizaciones sociales de envergadura, ¿no ves tú el peligro de que el altermundialismo gire sobre sí mismo, mutándose sus manifestaciones y foros en rituales sin desprender las capacidades de iniciativa social indispensables para una contraofensiva?





Ese peligro existe. Pero el altermundialismo ha tenido sin embargo un éxito impresionante mostrándose capaz de organizar un movimiento internacional contra la guerra sobre la base de nuevas formas de organización muy atractivas y productivas. Ha permitido la expresión de un movimiento de masas de millones de personas, un factor decisivo para comenzar a afrontar al imperialismo y la guerra. Dicho esto, tienes razón, encuentra una verdadera dificultad para organizar amplios sectores sociales. En Portugal, el altermundialismo ha sido mucho más importante como laboratorio de ideas que como capacidad de organización y de iniciativa. Ha habido dos foros sociales portugueses, pero muy restringidos : el primero lo era ciertamente un poco menos, gracias al compromiso de la central sindical en una línea de reagrupamiento unitario, pero el segundo se ha limitado a unos centenares de personas, debido a la voluntad de control obsesiva del Partido Comunista sobre el conjunto del proceso, que ha disuadido a numerosas organizaciones sociales de tomar parte en él. Esta crispación ha afectado a la capacidad de intervención autónoma del movimiento altermundialista en Portugal. Por tanto, los foros sociales, en tanto que movimientos organizados, no han tenido ningún peso en Portugal.





Si el movimiento antiguerra internacional ha sido una consecuencia espectacular del movimiento altermundialista, se ha dirigido ante todo contra el imperialismo estadounidense y la política de guerra sin fin de George W. Bush. ¿No ha alimentado ilusiones sobre el carácter pacífico de los imperialismos europeos ? Vuestro último congreso ha criticado todo apoyo a la intervención de tropas europeas –de Portugal y de otros países- en Afganistán. ¿Qué piensas del giro de la mayoría de Rifondazione en Italia en favor de la prosecución de las intervenciones militares de países miembros de la OTAN, con tal de que hayan estado aprobadas por la ONU, principalmente en Afganistán o, en otro contexto, en el Líbano ?





Es cierto que el movimiento antiguerra se ha desarrollado contra el imperialismo estadounidense y británico. Evidentemente las posiciones de Chirac y de Schroeder han alimentado ilusiones. Pero creo que esta división del frente imperialista ha sido también producto de la movilización de las opiniones públicas contra la guerra. Es pues también un éxito el haber paralizado la capacidad de unificación de los diferentes imperialismos alrededor del superimperialismo estadounidense. Dicho esto, hay hoy evidentemente debates políticos importantes. En Italia, creo que Rifondazione tiene un doble lenguaje : en el gobierno, acepta la intervención imperialista en Afganistán, mientras que en el Partido de la Izquierda Europea, aprueba resoluciones en favor de la retirada de todas las tropas de Afganistán. Y este doble lenguaje se encuentra en Italia : no se puede participar en una manifestación contra la extensión de una base americana y luego, unos días después, votar a favor del mismo proyecto. La gente entiende que hay ahí una contradicción y eso ha creado un problema entre Rifondazione y el movimiento antiguerra. Y sin embargo, el papel de Rifondazione era muy importante a la cabeza del movimiento antiguerra y era uno de sus puntos fuertes en 2003-2004. Hay un déficit que conduce a una situación muy peligrosa, porque un partido político debe ser muy claro sobre sus objetivos, en particular sobre la guerra y la paz, que son cuestiones decisivas en la vida de los pueblos. La mejor tradición del movimiento socialista es clara sobre esto, desde Jaurès a Rosa Luxemburg. No hay política de izquierdas que no sea clara en su oposición a la guerra, al militarismo y al imperialismo.





El Bloque de Izquierdas es un reagrupamiento de la izquierda socialista antiliberal, pero sin el Partido Comunista Portugués (PCP). Sin embargo, a nivel europeo, el Bloque pertenece al Partido de la Izquierda Europea, dominado por las fuerzas surgidas del “movimiento comunista”. ¿Cómo explicas que el PCP haya seguido un camino separado del Bloque, y que vuestros documentos apenas le hagan referencia?





El Bloque se ha construido en oposición a la política liberal, por tanto al Partido Socialista, pero también al PCP. Representamos una tercera fuerza, alternativa por su programa y sus capacidades de iniciativa. Nuestro objetivo estratégico es reconstruir las correlaciones de fuerza en el seno de la izquierda y en la sociedad en su conjunto. En Portugal, el Partido Comunista, como en algunos otros países, representa una forma de organización de tradición estalinista, la del partido que dirige el sindicato, que organiza un movimiento de mujeres o de jóvenes. Esto no permite al sindicato representar unitariamente a los asalariados/as y restringe su capacidad de organizar a los trabajadores/as precarios, así como otras capas sociales. La fuerza social del PCP depende esencialmente de este tipo de captación partidaria del movimiento sindical. Nos ha sido necesario por tanto romper con esta concepción que debilita el movimiento popular. Es para contribuir a reconstruir sus capacidades de iniciativa, que el Bloque se ha organizado como fuerza política y social. Tenemos relaciones de confrontación, de debate, pero a veces también de convergencia con el Partido Comunista, incluso si defendemos claramente una visión alternativa. EL PCP ha sido el partido de la Unión Soviética durante toda su historia ; ahora, es el partido del Partido Comunista Chino. No es comparable a la escisión del Partido Comunista Italiano que dio nacimiento a Rifondazione Comunista.


En lo que se refiere al Partido de la Izquierda Europea, al que pertenecemos, hay que decir que los partidos comunistas europeos están divididos. El Partido de la Izquierda Europea tiene una concepción no estalinista, una concepción de apertura, de red, no una concepción de Komintern. El PCP no forma parte de él. No obedecemos al Partido de la Izquierda Europea. Ninguna de sus decisiones nos obliga. Es una red de colaboración tributaria de la voluntad de los partidos nacionales. La Alianza Roja y Verde de Dinamarca y Respect de Inglaterra están asociados a él… Los partidos comunistas que forman parte de él se han transformado un poco o mucho, mientras que el PCP intenta desarrollar una red paralela, con partidos del Este, los partidos comunistas chino, vietnamita, cubano, etc…





El Bloque de izquierdas ha obtenido un número creciente de electos/as tanto en el Parlamento nacional como en los ayuntamientos. Con 350 electos/as municipales, cuenta con cerca del 10% de sus miembros en los parlamentos. Esto no os plantea un problema, en la medida en que el peso de esos electos/as puede tender a adaptar vuestras prioridades y agendas políticas a los de esas instituciones en detrimento de las necesidades prioritarias del movimiento social. Sin hablar del impacto que los mandatos electivos pueden tener, en términos de privilegios materiales y simbólicos, ciertamente muy reducidos. ¿Cómo se organiza el Bloque para plantear alertas contra tales peligros?





Como sabes, puesto que también tenéis electos en Suiza, si un partido se presenta en unas elecciones y eso se traduce en escaños, debe ocuparlos allí donde los ha obtenido. En la democracia burguesa, todo partido de masas tendrá electos/as y la polarización política podrá traducirse en ganancias electoral, incluso si derrotas y retrocesos son inevitables. En Portugal, nuestros electos/as no reciben salarios y no participan en reuniones municipales más que una vez por semana en las grandes ciudades, y una vez por mes –incluso dos veces al año- en las pequeñas ciudades. Siguen también algunas comisiones. Los parlamentos locales tienen muy poco poder: son foros de discusión política. Tenemos también electos/as en los ejecutivos de las ciudades, designados a la proporcional. No son en general mayoritarios, salvo en una pequeña ciudad de unas 30.000 personas, cerca de Lisboa. Es cierto que el hecho de de tener estos electos/as suscita demandas de respuestas políticas a cuestiones locales. Éstas son también importantes –vivienda, transportes, servicios públicos, educación, etc. Numerosas de ellas están directamente en relación con la política financiera y presupuestaria, pero también con la organización de la sociedad en el conjunto del país, lo que permite desarrollar una oposición mejor informada sobre la vida local.


Esto nos obliga a concentrar muchos esfuerzos y cuadros en las agendas municipales. Hay, en efecto, que hacer bien este trabajo intentando salir de los cuatro muros de esas asambleas para presentar a la población los motivos de las confrontaciones en curso. En el lado opuesto, el PCP se alía a menudo con la derecha para obtener puestos en el ejecutivo, porque el Partido Socialista y los partidos en el poder forman un bloque dominante. Esto explica que haya sido parte de gobiernos de la derecha y de la extrema derecha en varias grandes ciudades como Oporto, Sintra o Coimbra. Pero lo más importante, es mantener un perfil político nacional alrededor de campañas centrales. Por ejemplo, desde hace un año, hemos concentrado lo esencial de nuestras fuerzas en la marcha por el empleo confrontándonos directamente a la patronal y al gobierno, así como en la batalla por el derecho al aborto. El Bloque es ampliamente reconocido por ello.





El Bloque ha permitido fusionar corrientes políticas bastante diferentes. No solo fuerzas y generaciones nuevas, sino también de más viejas tradiciones: marxistas-leninistas, trotskistas, salidas de minorías del PC, etc. ¿Ha sido positiva esta colaboración?





No querría generalizar. Las condiciones portuguesas no son sin duda generalizables a otros países europeos. En Francia, por ejemplo, la LCR discute sobre un partido anticapitalista amplio. La experiencia de SolidaritéS en Suiza es también bastante diferente. Pero hay en común en muchas de esas experiencias y debates de la izquierda europea, la voluntad de crear marcos políticos más amplios, más ofensivos, capaces de organizar militantes sociales, de representar a la vez una izquierda política y social. La vía que hemos elegido se basa fundamentalmente en la confianza que puede crearse en el proceso de constitución de una dirección colectiva sobre la base de tareas políticas comunes. Esta confianza, hay que probarla en la intervención, en los éxitos y los fracasos, haciendo el aprendizaje de una voluntad de integración de las diferentes sensibilidades, de la búsqueda del consenso y de la cohesión. Si esto se logra, se hace posible hacer política. Hay, en efecto, una gran diferencia entre hacer propaganda, desarrollar ideas, defender un programa, incluso de una gran calidad, y ser capaz de transformar esto en arma política interesando a sectores sociales más amplios en la lucha, movilizándolos. Nuevas fuerzas vienen hacia nosotros porque tenemos convicciones, hacemos campañas, damos ejemplos de combates a llevar, debatimos nuevas formas de organizarse en la izquierda. Llegamos a miles de personas planteando centralmente las cuestiones siguientes : ¿Cómo transformar las correlaciones de fuerza actuales ? ¿dónde concentrar nuestros esfuerzos para hacer retroceder al adversario ?





La generación del post 68 ha sido formada en organizaciones políticas muy homogéneas en el plano ideológico, en el que el trabajo de reapropiación de conocimientos, de formación teórica y de elaboración ha sido muy importante, a menudo en detrimento de la capacidad de hacer política en marcos más amplios. Dicho esto, ¿cómo planteas el problema de la formación de nuevos cuadros, que no se desarrollan ya solo en la práctica de los movimientos, sino que adquieren también herramientas de análisis y una formación teórica seria?





El debate teórico y los conocimientos históricos de nuestra generación son un patrimonio inmenso. Nada habría sido posible sin esta mirada crítica sobre la historia del movimiento obrero, sin este esfuerzo por crear un marxismo vivo. Creo que un partido de izquierda socialista debe retomar y profundizar estas reflexiones. La oportunidad que tenemos, es quizá proseguir este esfuerzo en el marco de un capitalismo y de una clase obrera transformados, utilizando el marxismo para lo que es, es decir como una herramienta de trabajo. Nuestro último congreso ha decidido crear un centro de formación que se dirige, sobre todo, a militantes sociales. Sus primeros cursos comienzan ahora y tratan sobre la historia de las revoluciones del siglo pasado –Octubre, la Guerra civil de España, la China, Cuba, Vietnam, Mayo 68, la revolución portuguesa- a fin de reflexionar sobre las cuestiones estratégicas que han planteado. Comenzamos también a publicar una revista teórica. Hacemos también un esfuerzo para desarrollar nuevos medios de comunicación, visto que el papel jugado por los periódicos, hace aún algunas decenas de años, está suplantado hoy por medios interactivos. Así, nuestra web se ha desarrollado de forma espectacular, con miles de accesos diarios. Publicamos en él un dossier semanal sobre cuestiones políticas, históricas, etc., que apunta a audiencias amplias. Difundimos emisiones de radio por streaming. Queremos finalmente desarrollar una producción audiovisual –desde el clip al documental- que debería servir de base a la formación, a la discusión, así como a las campañas del Bloque. En septiembre, tendremos un fin de semana de estudio, “socialismo 2007”, para debatir de estrategia y de historia, de lucha sindical y ecologista, pero también de cuestiones culturales.





Entrevista realizada por Jean Batou para el periódico suizo “SolidaritéS”.


Traducido de la página web de Europe Solidaire Sans Frontières (http://www.europe-solidaire.org/) el 19 de agosto de 2007


Traducción: Alberto Nadal

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Patrick Florent
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Mensajepor Patrick Florent » 04 Sep 2007, 20:03

“Bueno me basaba la ruptura total con Trotski en lo que pone en wikipedia en la biografia de Nin:
http://es.wikipedia.org/wiki/Andreu_Nin, y un libro de un militante del POUM no se exactamente de que corriente era, ya dare mas datos concretamente de quien lo escribe, de todas maneras si tienes bibliografia y enlaces para profundizar al respecto pues si no te importa aportarlos.”


No me he olvidado de contestarte, compañero Sorge.
Hay un artículo de JM Municio que trata del papel de la Izquierda Comunista, el POUM y su relación con Trotsky en el nº 3 de la revista Marxismo Hoy (mayo 96).
Este es el enlace:
http://www.engels.org/marxi/marxis3/mar3_4.htm

Saludos comunistas
PV
Patrick V. Florent
“Quien se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir.”


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